El dolor se apodera de Maia. Siente algo tibio esparciéndose lentamente
por su pierna, bajo la creciente mancha carmesí que se aprecia sobre su
uniforme. Aprieta con fuerza sus manos, intentando controlar el sangrado. Las
gotas que se escapan por entre sus dedos caen en el pequeño charco que se ha
formado sobre la tierra a sus pies. El agudo sonido metálico de la pelea la
distrae momentáneamente de sus propias heridas. Alza la vista para ver a Kyo
enfrentándose con su oponente, sus cuchillos chocando en el aire buscando
encontrar un objetivo. Maia cierra los ojos, para concentrarse en curar su
pierna, pero el ruido de metal y fuego la distrae. La profunda herida tarda
demasiado en cerrar.
Esa mañana, Maia no sabía a qué se enfrentaría al presentarse para el
examen de promoción de rango. Comparado con la cantidad de miembros de la
organización, los postulados para el examen no eran muchos, aunque en sí
constituían una pequeña multitud. Tras aprobar una examinación médica, los
aspirantes al rango de teniente deben someterse a una entrevista para
determinar sus cualidades. Se les pregunta sobre sus motivaciones para tomar el
examen, sus aspiraciones dentro de la organización y sobre su experiencia en
misiones reales. El objetivo es medir el carácter de cada miembro, poniendo su
resolución y pensamiento estratégico a prueba. La siguiente etapa consiste en
realizar un examen escrito para demostrar sus conocimientos. El examen se
evalúa de manera regular, pero como condición adicional, se requiere que la
hoja de examen permanezca intacta hasta el final de la prueba. Muchos fallan al
defenderse de los examinadores, quienes durante la prueba se aseguran de atacar
y hostigar de varias maneras a los examinados. Esta etapa pone a prueba la
capacidad de concentración y planeación en condiciones de batalla. Aprobar
hasta este punto califica como éxito y merece el rango de teniente, aunque eso
no les sea informado a los aspirantes. Para los que se hayan desempeñado de
manera pobre en alguna otra prueba, deben demostrar sus habilidades, la última
etapa es su única oportunidad de aprobar. Cada aspirante tiene que demostrar su
capacidad de estrategia contra un miembro de la organización con habilidades
consideradas a la altura de un teniente, bajo circunstancias especiales. Para
la mayoría de aspirantes, sin embargo, la noción de la prueba es que se trata
de una serie de obstáculos, cada etapa sirviendo como filtro para la siguiente.
Llega el turno de Maia. Después de ver a Zio y a Kwan con sus
respectivos enfrentamientos, cada uno con diferentes condiciones, Maia se
sentía nerviosa por la última parte de su prueba. Los jueces le piden que elija
un subordinado para la prueba, ya que uno de los propósitos es evaluar el
apropiado manejo de personal bajo su cargo. El juez se acerca al grupo para
dirigirse tanto a los demás examinadores como a Maia. Se establecen las
condiciones para aprobar el examen. Maia no puede evitar mirar nerviosamente al
chico de cabello negro que debe inmovilizar para ganar. Su atención regresa al
examinador, al oír para ella, la prueba se termina si su subordinado elegido es
puesto fuera de combate.
Mientras intenta pensar en alguien apropiado para ayudarla en esta
prueba, su oponente se presenta con indiferencia como el alférez Sasuke, un
maestro fuego en apariencia bastante menor a ella. Tras acercarse al examinador
y sin quitarle la vista a su futuro contrincante, Maia comunica su decisión y
envían la orden de buscar al alférez Kyohei para la prueba.
Con Kyo a su lado, la prueba da inicio en
un coliseo subterráneo. La pelea comienza y de inmediato el maestro fuego se
lanza contra Maia, evitándola por poco y usando la distracción para atacar a su
subordinado. Kyo logra evitar el ataque y Maia se voltea para intentar sacar de
balance a su oponente, pero es demasiado lenta para el maestro fuego. Sasuke
desvía un bumerán lanzado por Kyo, justo antes de saltar, atacándolo cuerpo a
cuerpo. Descartando la posibilidad de recurrir a sus propias habilidades, la
maestra agua recuerda su experiencia en la prueba de ingreso. Con torpeza, Maia
intenta ahogar a su oponente sin éxito, mientras Kyo se defiende con su espada
de los incesantes ataques. El chico de cabello oscuro percibe los intentos de
Maia, desviando su atención fugazmente cada vez que la ve acercándose
demasiado. Pequeños cuchillos oscuros fallan el cuerpo de la maestra agua por
poco, manteniéndola alejada del enfrentamiento.
Maia entiende que Kyo es el objetivo de los
ataques y corre hacia el chico de cabello negro con un par de látigos de agua
para distraerlo. Kyo logra herir al joven en un momento de distracción, pero
este se retira rápidamente. Sasuke mueve los brazos rápidamente y una esfera
brillante de fuego comienza a formarse frente a él. Al ver la intensa llama a
punto de ser disparada, Maia salta hacia un lado para esquivarla, asistida por
Kyo. En pleno salto, usa el agua que tenía disponible para asestarle un
latigazo a las manos del maestro fuego. La bola de fuego se dispersa en un
instante. Maia le dice a Kyo que apunte a las manos y el combate continúa.
Sasuke vuelve a tomar distancia, lanzando afilados cuchillos hacia la pareja.
Kyo defiende a Maia de los proyectiles, devolviendo uno con una gran velocidad
directamente a las manos de su contrincante. Ignorando el dolor, el maestro
fuego regresa a su postura anterior, acumulando fuerzas para un ataque de
fuego. Usando el agua como sus propios miembros, Maia recupera el bumerán de
Kyo, lanzándoselo mientras él corre para flanquear al maestro fuego. En un
movimiento fluido, logra lanzarlo con precisión hacia Sasuke, rompiendo su
concentración nuevamente. Maia intenta tomar la delantera, avanzando para
atacar al maestro fuego, pero este responde con una andanada de proyectiles que
interrumpen el delgado hilo de agua. Kyo lanza su espada intentando herir a su
oponente mientras está distraído, pero el chico reacciona rápidamente y se
aparta del camino de la espada. Frustrada por la diferencia en habilidad entre
el Sasuke y ellos, Maia nuevamente intenta terminar el encuentro encerrando el
rostro del maestro fuego con la poca agua que todavía le quedaba. El chico
salta a correr hacia ella tan pronto como siente el frío tacto del agua en su
rostro, enfadado al entender las intenciones de Maia.
Decidido a remover del enfrentamiento la
molestia que es la maestra agua, sin vacilación se abalanza hacia ella con un
puñal triangular en su mano. Kyo no puede reaccionar mientras ve al chico
acercándose a Maia. La misma maestra agua no esperaba un ataque directo en su
contra, encontrándose incapaz de reaccionar para defenderse. La sorpresa de ver
a su oponente tan cerca es interrumpida por el dolor de sentir el afilado metal
entrando en su piel. La larga hoja se hunde profundamente en la pierna de Maia.
Una nueva ola de dolor surge como electricidad, causando espasmos por su
espalda al sentir el filo del puñal abandonar la herida tan rápido como había
entrado. Por unos segundos, la experiencia sobrecarga a la maestra agua,
mientras instintivamente se sostiene la pierna herida con ambas manos. Sin
fuerzas, cae al suelo con lágrimas en los ojos. El dolor no desaparece.
Varios segundos preciosos
pasan antes de que la joven maestra agua pueda recuperarse. Puede sentir con
preocupación cómo sus fuerzas la dejan junto a la sangre que escapa de su
cuerpo. Kyo sigue resistiendo furiosamente, cometiendo errores en un
desesperado intento de vengarse por la acción de su oponente. Con las manos
temblorosas, Maia intenta cerrar la herida con sus habilidades curativas. Un
eterno minuto pasa sin poder detener completamente la hemorragia.
Un brillo intenso la hace
levantar la vista de nuevo. Ve a Kyo evitando con dificultad un par de látigos
de fuego controlados por el chico de cabello oscuro. Obstinadamente se frota el
rostro con el brazo, intentando limpiar la sangre que continuamente le oscurece
la visión. El chico de la tribu agua del sur comienza a perder terreno frente a
su adversario.
Temiendo por su
compañero, Maia intenta pararse de nuevo pero la cortada es muy profunda y
continúa perdiendo sangre. Ella sabe que si sigue de esa manera, es solo
cuestión de tiempo hasta que la falta de sangre la inmovilice por completo. Con
un gemido ahogado, Maia intenta controlar el dolor al congelar el agua dentro
de su pierna. Se levanta con dificultad y comprueba que finalmente ha dejado de
perder sangre. Cada paso representa un esfuerzo agotador. Su bota de agua está
vacía. La desesperación comienza a apoderarse de ella. Su cuerpo le pide a
gritos salir de aquella situación. Cierra los ojos, meditando como le han
enseñado, intentando bloquear las palpitaciones en su pierna. Pero en cambio
siente algo diferente. Algo extraño y familiar a la vez. Como si acabara de
sentir por primera vez sus propios brazos y piernas, siente una presencia
familiar creciendo desde lo más profundo de su ser.
El tacto frío del agua
invade sus sentidos. El fluir de un torrente se siente dentro de su cuerpo.
Puede ver con su mente el sabor del agua, oír su color cristalino mientras
siente que la llama. Ella responde el suave llamado del agua sin saber de dónde
proviene. Con los ojos cerrados, se encoje al bajar los brazos hacia el suelo.
Desde el interior de su alma, se ve a sí misma parada en un océano de agua,
sintiéndose una con ese mundo. El dolor de su pierna le recuerda la solidez del
suelo, la situación de la batalla y la poca agua que tiene afuera de su mente.
Respira hondo, como si necesitara tomar aliento para el llamado que está a
punto de hacer.
Alzando los brazos, la
maestra agua deja boquiabiertos a los espectadores al extraer una gran cantidad
de agua del mismo suelo árido sobre el que estaba. El agua la cubre y la rodea
mientras ella mueve suavemente los brazos para hacerla fluir a su alrededor. El
cuerpo de agua sigue creciendo hasta que forma un círculo que rodea a Maia y a
Kyo, protegiéndolos de las llamas. Kyo se repone, preparándose para seguir
atacando al maestro fuego. Los látigos de fuego logran desviar los ligeros
cuchillos de Kyo, pero no logran competir con la cantidad de agua que Maia usa
para atacar. Uno de los látigos se extingue por completo dentro de un brazo de
agua, que rápidamente se lanza hacia Sasuke, golpeándolo en el protector de
metal que lleva en la frente. Fuera de balance, el chico esquiva con dificultad
el bumerán de Kyo, saltando para atacar por encima del círculo de agua con sus
propios proyectiles. Maia se interpone frente a Kyo, recibiendo una daga en el
pecho junto al hombro. Kyo responde de manera similar, acertando en el brazo
herido del maestro fuego. La maestra agua se sostiene la daga que esta
incrustada en su cuerpo y comprueba la gravedad de la herida. Se siente
aliviada de que no haya dañado ningún órgano, y luego de removerla aplica hielo
a la herida en la misma manera que antes. El shock le hace perder la
concentración y deja caer el agua que controlaba. Descubierto, ahora que toda
el agua permanecía en el suelo, Maia ve a su oponente haciendo gestos con las
manos. Siente el calor de una intensa llama, creciendo frente al maestro fuego.
Sin dudarlo, controla con esfuerzo el agua para bordear la llama y atacar sus
manos como si se tratara de una lanza.
La llama desaparece una
vez más y el chico toma distancia, sus manos ahora en muy mal estado. Kyo se
lanza hacia él, usando sus propios cuchillos en su contra, pero el chico lo
evita con facilidad. La maestra agua alcanza a ver un cambio en el color de
ojos de Sasuke, y se une al asalto de Kyo, controlando largos brazos de agua
que se levantan del charco a sus pies. Sasuke intenta evitar los ataques pero
pierde el equilibrio por uno de los brazos de agua. Al caer al suelo, comienza
a girar, lanzando fuego por sus piernas hacia la pareja. Maia detiene las
llamas usando el mismo círculo fluido de agua, permitiéndole a Kyo saltar hacia
su oponente oculto por el torrente. Con ambos brazos lastimados, Sasuke solo
puede recibir el ataque con una fuerte patada, sosteniendo brevemente a Kyo
sobre él. Maia ve una ventana de oportunidad; ignorando el dolor de su pierna
extrae toda el agua que podía controlar y la estrella como una potente ola
sobre el maestro fuego. Con su rostro contorsionado por el esfuerzo, mantiene
desorientado a su oponente dentro de un remolino de agua, separándolo de Kyo y
finalmente congelándolo boca abajo dentro de un témpano de hielo de varios
metros.
Una trompeta anuncia el
final de la prueba. Con una expresión eufórica, Maia se voltea hacia Kyo. El
joven guerrero camina lentamente hacia ella con una gran sonrisa de victoria.
La joven da un paso en dirección a Kyo, pero en ese momento el color deja su
rostro con una expresión fugaz pero evidente. Todavía manteniendo una sonrisa,
logra dar otro paso mientras alza los brazos en dirección al rostro ahora
preocupado del guerrero. Kyo la toma en sus brazos, sintiendo el peso de Maia
cuando ella pierde la fuerza de sus piernas. La chica rodea su cuello con sus
brazos. El chico la sostiene mientras ella le dice unas palabras con una
expresión alegre. Cuando este intenta responder, la maestra agua se deja caer
sobre sus hombros, inconsciente. Un hilo de sangre y agua comienza a bajar
nuevamente por el uniforme de Maia.
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