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[ Conciencia ]


Una tenue luz iluminaba el oscuro túnel. Los pasillos corrían en todas direcciones, como un retorcido laberinto bajo tierra. Rostros vacíos adornaban las paredes. Todas mujeres. Su macabra mirada llenaba de terror su corazón. Ella veía los rostros, entendiendo lo que eran sin saber como. Secuestradoras. Ladronas. Asesinas. Eran personas que podrían lastimarla sin dudar. No les interesaba recorrer el mundo. No les interesaban las flores vivas ni las grandes ciudades. No tenían interés en mantener una familia o tener hijos. No deseaban en lo mas mínimo un collar de compromiso. No, esas mujeres, esos rostros, eran muy diferentes a ella. Pero aun así, lloraban y reían. Eran sombras de personas, el lado inverso de todo lo que ella conocía. Lloraban y reían. Y sangraban.

¿Por qué?

Una pregunta resuena como un alarido ensordecedor. Luego, silencio. El suelo comienza a vibrar. Un ruido sordo se escucha en la lejanía. Ella conoce la sensación que comienza a irradiar desde su pecho. Piedras cayendo. Gente gritando. Sangre brotando. El aire hiede a ira y dolor. La intensa emoción que siente al pelear. El temor desesperado que siente al huir.

Todo esto ya lo conocía.

Lo recuerda con desgarrador detalle.

Pero algo es diferente.

Rostros conocidos. Rostros queridos. Rostros heridos. El miedo de perder algo tan preciado. La desolación de sentirse inútil. El vacío infinito de sentirse abandonada. El nudo que tranca su respiración cuando decide actuar. La flaqueza en sus pies. El rápido latido que golpetea sus sienes. El dolor en sus brazos al esforzarse por luchar.

Ya todo era conocido para ella.

Pero algo no estaba bien.

Los rostros ríen con malicia mientras intentan herir a sus seres queridos. Enfurecida, ataca violentamente aquellos rostros que la amenazaban. Los rostros ya no se mueven.

Ella levanta horrorizada sus manos, para verlos cubiertos de sangre.

Esto esta mal. Intenta juntar aquellos rostros, remendarlos de alguna manera, pero ya no puede hacerlo. Los rostros se alejan, perdiéndose en la oscuridad. Ella intenta seguirlos, pero alguien la detiene.
Son ellos.

Los rostros familiares.

Las personas que le traen seguridad. Ahora están a salvo. Muchas mas personas aparecen. Rostros desconocidos la felicitan por sus acciones. Le brindan halagos y aplausos. El ruido de sus elogios abruma sus pensamientos. Ella no quiere eso.

Se cubre los oídos para ahogar el sonido insoportable de los aplausos. Pero algo se escucha mas fuerte que aquellos aplausos. Baja la vista para ver el origen del sonido.

Las pisadas de la gente salpicaban sobre algo en el suelo. Pero todo esta muy oscuro para ver de que se trata. Suena como agua. Pero algo no se siente bien. Estira sus manos desnudas hacia lo que ahora cubre por completo el suelo. Se siente espeso y cálido. Al acercarse las manos al rostro, reconoce su olor. Un olor metálico. Un olor que conoce demasiado bien. Sin pensarlo, se acerca un dedo a los labios. Saborea con temor la sustancia carmesí. Sabe a…


-Maia… ¡Despierta! ¡Maia! ¿te encuentras bien?

El rostro preocupado de un joven guerrero la miraba fijamente, buscando respuestas con su mirada.

-¿Kyo…?

La maestra agua se incorpora con lentitud en su cama. Mira a su alrededor, confundida, intentando reconocer el lugar donde se encontraba. Un sudor frío le cubría el rostro y el cuerpo.

- estabas gritando…- comenta el chico, añadiendo en un tono comprensivo –esto es la enfermería. Esta bien, ya estas a salvo.-

La chica comenzaba a recordar con mas claridad. Había tenido un mal sueño. No sabia cuanto tiempo llevaba allí, en esa pequeña camilla de enfermería, pero se sentía como si no hubiese estado consciente por semanas.

Kyo caminó hasta una mesa y regresó con una bandeja de comida, ofreciéndola a la maestra agua.

-Lo siento, no tengo ánimos de comer en este momento…- dijo ella, regresando a su silencio y posición original.

Chasquido. Chasquido.

Gotas de sangre.

Chasquido. Chasquido. Chasquido.

Garras moviéndose en la oscuridad contra la fría roca.

Chasquido.

Criaturas acercándose.

Chasquido.

Las criaturas abren sus fauces mostrando los colmillos.

Chasquido.

Maia es despertada por el sonido de un chasquido. Abre los ojos para ver los guantes blancos de su superior, el coronel Roy Mustang, a escasos centímetros de su cara. Gira su rostro levemente, a modo de saludo, antes de regresar a su postura anterior.

-Oye, faltarle el respeto así a un superior puede meterte en serios problemas ¿sabes?-

La chica no respondió al comentario de su superior. El joven guerrero que la acompañaba miraba con nerviosismo la tensión creciente entre ambos.

-Oye tu. Nombre y rango.-

-Soy el guerrero Kyo de la tribu agua del sur. Miembro regular-

-¿puedes decirme que demonios le ha pasado a esta chica?-


- La encontraron desmayada afuera de la sala de justicia y la trajeron aquí. La señorita Yukariko dice que esta bien. No se nada mas. No se había despertado hasta ayer, pero cuando lo hizo no quiso comer nada y luego volvió a dormir. O al menos creo que duerme, solo se queda quieta y sin decir nada…-

-hmm… había escuchado que estabas en la enfermería pero claramente no es por heridas físicas… - dirigiéndose a Maia – oye…no puedes quedarte ahí todo el día. Si no haces algo para valerte por tu cuenta entonces… entonces no vale la pena todo lo que has hecho.- El coronel se da la vuelta para retirarse pero se detiene antes de salir.

-Tu… Kyo de la tribu agua del sur… -

-¿Si señor?

- Cuídala bien, ¿de acuerdo?

-¡Si señor!

No fue hasta pasado un largo rato después de haberse ido el coronel que la joven volvió a incorporarse.

-¿Maia?

-Kyo…tu… ¿estabas cuidándome?

El joven guerrero asintió después de dar un paso mas cerca de la chica.

-¿Cuándo tiempo llevo aquí?- ella preguntó.

-No mucho, cerca de dos días-

-se siente como mas que eso…- dijo, mostrando una leve expresión de dolor al mover su cuello. Luego cierra los ojos pero permanece despierta. Las visiones de sus sueños le roban el deseo de dormir de nuevo. Al abrir los ojos ve al mismo joven sentado junto a su cama. Su rostro lleno de preocupación le trae renovados impulsos de culpa a la maestra agua.

-Kyo… ¿tu piensas que soy fría?

-no, para nada, ¿por qué pensaría eso?

- ¿qué pensarías de mi… si supieras que he lastimado a alguien?

- eh bueno, tu has ido a varias misiones peligrosas, supongo que defendiéndote has…-

-¡No! ¿qué pensarías si realmente hubiese herido a alguien… de una manera irreversible…?

Kyo se acerca y toma a Maia de las manos.

- Escucha. Tu has logrado cosas que yo jamás hubiera imaginado hacer. Has logrado mucho en esta organización y has pasado por muchos problemas. Estoy seguro de que lo que sea que haya pasado, no fue culpa tuya. No eres el tipo de persona que lastimaría a otros concientemente.-
El chico se aparta, viendo el rostro de Maia tranquilizarse al escuchar sus palabras de consuelo.

- Fue… en una misión… no era mi intención… pero…

-¿Una misión?

-Yo… algo que hice le causó… un gran mal… a mucha gente…

-Maia, insisto… estoy seguro de que no era tu intención…

Kyo se aleja lentamente para alcanzar una nueva bandeja de comida, ofreciéndola una vez mas.

-gracias. Intentaré comer algo… - Maia intenta levantarse, pero se recuesta de nuevo al percatarse  de su escasa vestimenta.

-ah…debí habértelo dicho. Ayer la señorita Yukariko vino a ver como estabas. Te hizo un examen y luego te puso eso. No te preocupes, yo había ido a almorzar…-

-entiendo… gracias Kyo…-

-Ah eh… ¡no tienes que agradecérmelo! Ningún hombre decente trataría de espiar a una chica mientras se encuentra inconsciente… ¡o consciente! Uh, eso no salió bien…-

-No me refería a eso. Gracias por cuidar de mí. Seguro te causo muchos problemas…-

-Para nada-

Maia comió con lentitud, manteniendo su expresión vacía mientras hacia lo posible por no pensar en nada. Al terminar, se distrae viendo a Kyo revisar sus armas y equipo, pensando sin querer en lo que hubiera pasado si al decidir entre una vida ajena y la suya propia, la suya hubiese carecido de importancia.

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