13/4/00

- Encrucijada, el lobo cirquero -

         Zio se encontraba descorazonado en la habitación con su prometida, No había risas de alegría o jugueteo como en veces anteriores; como cuando ambos estaban solos, pero juntos, desde el día en el que se habían encontrado realmente el uno al otro. Midna, el gran y poderoso espíritu patrón del ocaso se encontraba inconsciente, temblaba como un pequeño gato barbudo asustado en una noche tormentosa en las frías calles de Ba Sing Se. Era desgarrador.

         Hacía solo un par de horas desde que Zio, Ling y Midna habían logrado un trabajo imposible, infiltrarse en una mina increíblemente custodiada y escapando sin despertar sospechas del gobierno de la Federación de las Naciones Unidas, lo que antes se conocía como la isla de Arbitry. Habia sido un trabajo perfecto pero Zio no contaba con la alta seguridad. Realmente era una fortaleza imposible, le tomó mucho más tiempo del esperado infiltrarse y la distracción de Midna había atraído al espíritu guardián de la isla, el misterioso y feroz Harry. Midna había resultado gravemente herida pero todos estaban seguros en la habitación del hotel que le habían designado a Zio como parte de la recepción de la comitiva Qiu-he. De cualquier forma, no había nada más lejos de ser verdad, el lobo bromista no se encontraba tranquilo…
Zio no pudo dormir durante toda la noche por la preocupación, un agudo dolor de estomago quemaba sus entrañas por la culpa de haber puesto a Midna en su posición y enfrentarla contra Harry. Mucho peor, la razón por la que estaba herida fue por proteger a Ling.

         - Maldición. - suspiró Zio al salir de la habitación a tomar una larga caminata.

         El joven maestro fuego se encontraba en un estado perpetuo de confusión sin ninguna salida clara. No era tan solo el haber entrado en cuenta de ser demasiado débil como para ganar el juego en el que se había metido, si tan solo fuera así de fácil. Su meta como hombre, su búsqueda como un soldado de los Qiu-He, su pacto como un lobo etéreo y la seguridad que siempre brillaba en su semblante por el braveado que le permitía proteger a sus compañeros; la delicada pero aguda maestra agua Maia, el tosco y terco maestro tierra Roland y especialmente su todo, su prometida, Ling. Caminaba tambaleándose mientras Shen Long despuntaba con fuerza por el Este. Por si fuera poco, sus preocupaciones lo llevaron a un estado extraño que privaron sus sentimientos y emociones. Pero también la falta de sueño, por haber esperado el despertar de Midna, no lo dejaba pensar con claridad y sellaron sus movimientos ágiles y balanceados normales. Era un desastre y él estaba consciente de ello. Mientras caminaba tratando de encontrar alguna respuesta para las innumerables preguntas que azotaban su mente como las olas despiadadas del mar, reconoció a Maia entre alucinaciones diurnas. Con mucho esfuerzo se repuso y volvió en sí. Su humor se había ido, ya no existía aquel lugar del que desesperadamente, en ocasiones normales, hacia fluir sus bromas y humor habitual, ya que desde hace un par de días o tal vez semanas la situación de Tsuna lo había estado atormentando. Solo con ver a la maestra agua con una expresión de seriedad ambos comprendieron lo que debían hacer sin tener que decirse una sola palabra.

         Pocos minutos después se encontraban frente a la habitación que se la había asignado al alférez Tsuna Sawa. Zio y Maia tenían reservas con respecto al hijo del Dragón Zen Sawa por su actitud sospechosa; su afán extremo por conocer los detalles de la situación de los demás y por sobre todo su extraña relación con el ex-general de brigada Lord Il Palazzo, el traidor del grupo de Shishio que se encontraba saboteando las actividades de los Qiu he.

         - ¡OI! ¡Tsuna! - Zio tocaba fuertemente la puerta de la habitación como si esperara lograr algo solo con eso.

         Pasaron unos momentos mientras se repetía la misma escena pero no hubo respuesta, por lo menos no desde adentro de la habitación. Tsuna se aproximaba caminando desde el pasillo con un semblante bastante normal y calmado, hasta un poco orgulloso.

         - Entra - dijo Zio seriamente. El contraste entre su seriedad que muy rara vez se mostraba y su habitual inocencia y frivolidad hacían que el solo hecho de estar en su presencia, cuando se sentía de una forma poco menos que alegre, fuera un poco perturbadora.

         - Bueno… vayamos a tu cuarto… es más grande, allí estaremos mejor. - Replicó Tsuna un poco sorprendido por la actitud de Zio, pero no demasiado. Para él no era algo tan extraño verlo de esa manera o, por lo menos, se había encontrado con esa faceta del joven cirquero en veces anteriores.
        
         - No, no es un buen momento. - Zio estaba decidido, pensando en Midna, era muy pronto para explicarle a los demás la razón de su condición; detuvo a Tsuna poniendo fuertemente su mano en el peto de la armadura de lobo-murcielago del joven Sawa. - Midna no quiere ser molestada.

         - ¿Midna no está contigo? - Una leve expresión de confusión se asomo en el rostro de Tsuna. Zio suspiró al oír esto, pero prosiguió.
        
         - Solo abre la puerta para que podamos hablar.

         La habitación de Tsuna era bastante normal, pero probablemente, según la opinión del joven cirquero, demasiado pequeña para lo que Sawa estaba acostumbrado. Para él no era algo de mayor importancia, toda su vida había vivido como un nómada así que no tenía un preconcepto de la forma en que debía verse una habitación para vivir, era suficiente para él de cualquier forma.
Maia, Zio y Tsuna entraron y siguieron a Sawa hasta el balcón para poder discutir cualquier asunto con tranquilidad. Zio estaba a punto de estallar; ¡que descaro el de ese tipo!, simplemente estaba paseándose por ahí como si nada estuviera pasando. Ufanándose y pavoneándose como alguna clase de gobernante de alguna nación rica y poderosa, creyéndose mejor que los humanos normales y justificando todo con su endeble título de "líder de grupo".

         - Que desagradable. - Pensó Zio mientras se sentaba en el piso de brazos cruzados. Tsuna se quedó de pie mientras Maia se sentaba en la cama calmada y delicadamente.

         - ¿Qué pasó? ¿Encontraron algo? - Inquirió Tsuna, a lo que añadió, con una mueca de orgullo. - Porque las negociaciones por la mina de oro fueron estupendamente fáciles.

         Zio estaba perplejo, todo este problema de mandar a una comitiva completa de los Qiu he, el grupo internacional de soldados ¿Para negociar una mina de oro? ¿Qué había pasado con la ridícula cantidad de armamento suficiente como para enfrentarse al mundo entero durante años? ¿Qué había sucedido con la organización estilo militar y de sincronización casi perfecta con la que contaban sus soldados urbanos los Caballeros Negros? ¿Qué había pasado con la Dragonita? el maestro fuego Kyujitsu estaba tan confundido que perdió completamente la compostura.

         - ¿Huh? ¿Para eso vinimos para acá? ¿Por una simple mina de oro?

          Maia volteó hacia Zio con una expresión de preocupación en su rostro como esperando lo peor, pero en un esfuerzo apresurado se interpuso tratando de salvar la situación y conservar el ambiente calmado.

         - ¿Una mina de oro? Tsuna podrías decirnos… si no te incomoda… ¿cuál era tu misión? -  Pregunto Maia en un tono que parecía el de una madre tratando de resolver un problema entre sus hijos.

         - Si. - Tsuna metió la mano dentro de uno de los bolsillos de su traje blanco característico de la organización y sacó la carta con las especificaciones de la misión que se les había asignado desde un principio por el ex-general de brigada Lord Il Palazzo. - Eso es lo que dice el papel, ¿porque?

         Zio empezó a respirar fuertemente, tanto que una llamarada casi sale de sus fosas nasales, pero pudo contenerse lo suficiente como para que el fuego no hiciera evidente que estaba intranquilo.

         - ¿Estás bien, Zio? - preguntó Tsuna.

         Era lo último que podía soportar; ese maldito hipócrita de Tsuna Sawa, anteriormente había discutidos ciertos detalles de la misión que no aparecían en el reporte de inteligencia, detalles que el mismo líder del grupo había discutidos personalmente con el traidor Ill Palazzo. ¿A quién creía que estaba tratando de engañar? Ya era lo último que podía soportar, así que sin pensarlo, Zio ya se había puesto de pie estrepitosamente y estaba a punto de atacar a Tsuna. Sin embargo, él no estaba solo en esto, las consecuencias de las acciones que tomara en ese momento lo afectarían a él y a Ling tanto como afectarían a Maia. Zio se detuvo en seco y luego miró en dirección a la maestra agua esperando su reacción.

         En ese momento la chica tímida de la tribu agua del norte dio un salto rápido muy fuera de lo que todos los que la conocían en los Qiu he hubieran considerado la normalidad para ella y se interpuso entre Zio y Tsuna. El joven maestro fuego Sawa reaccionó tarde y torpemente a eso tratando de aumentar la distancia que había entre él y Maia y Zio.

         -  ¿Qué?… - Sawa se encontraba atónito.

         - Tsuna… dinos cual era tu misión… - Maia brillaba como nunca antes lo había hecho ante los ojos de Zio. Brillaba como una negociante estrella y una diplomática excepcional.

         Aun para la poca experiencia y comprensión que Zio tenía con respecto a la política y a esta clase de asuntos delicados, tan solo verla por ese instante de decisión bastó para convencerlo de la capacidad de Maia para resolver esto. Si el intervenía simplemente ocasionaría problemas, así que optó por dejarlo esta vez en manos de la maestra agua y volver a recuperar la compostura como un simple oyente. Aun su enojo era evidente pero no había opción, si seguía insistiendo terminarían mal las cosas. Frustrado, volvió a sentarse en el piso de brazos cruzados. Tsuna, sorprendido y confundido por la reacción de Zio y la seriedad con la que abordaba Maia el asunto, decidió llegar hasta el fondo del aparente problema.

         - Negociar la mina por la independencia  de Arbitri. - El joven Sawa hizo una pausa y luego prosiguió casi de inmediato. - ¿Que está pasando?

         Era evidente para Zio que Tsuna estaba tratando de ocultar lo que era brutalmente evidente, pero para no empeorar la situación dio la vuelta y quedo de espaldas a los otros dos alférez que se encontraban en la habitación, así ocultaría sus expresiones faciales mejor y escucharía todo con mas objetividad. Maia por su lado después de ver lo que acontecía, con una expresión leve de derrota, suspiró y volvió a sentarse en la cama.
         - A ver… - Comenzó la maestra de la tribu norte. -tu misión era negociar con la nobleza de Arbitri… ¿por una mina?

         - Si… y he logrado, también, que permitan que tengamos una pequeña embajada aquí. - respondió Tsuna con aires de triunfo que contrastaban con sus facciones infantiles a pesar de ya haber alcanzado la mayoría de edad.

         - Bien… entonces… la persona que te encomendó esa misión fue el señor Lord Ill Palazzo, ¿cierto? - Maia hizo una pequeña pausa como para pensar muy bien como expresaría lo que diría a continuación. - ¿Por qué tu tenias una misión diferente a la nuestra? ¿Nos enviaron a misiones diferentes?

         - ¡Bien, niña! ¡Al fin estas llegando a algo! - Zio no podía evitar respirar fuertemente pero como si los grandes espíritus hubieran contestado una oración que nunca rezó, su entusiasmo momentáneo se hizo obvio cuando dejó de respirar para oír la respuesta del hijo del Dragón.

         - Si, así es… pero eso no debería tener importancia, era él quien había aprobado nuestras misiones hasta el momento. Así que fue él quien fue convencido por el Coronel Mustang para que nos asignaran esas misiones. - Expresó Tsuna con una cara de leve preocupación. -Desde que él fue nombrado traidor me preocupa lo que pueda ser del Coronel o lo que está sucediendo ahora mismo.

         - ¡¿Qué?! - la reacción de Maia fue de evidente sorpresa. - Zio, ¿oíste eso?

         Esto no era una novedad para el joven lobo, él ya estaba informado al respecto y de hecho era esa una de las razones por la que había sido tan insistente con la confrontación del chico Sawa. Su semblante seguía igual y no movió un solo músculo al respecto.

         - Si... luego de mi corte marcial se reunió conmigo y se disculpó por haberme puesto en una mala situación. - Tsuna seguía con la misma historia, obviamente era importante para él, algo con respecto a esto.

         - Il Palazzo era quien aprobaba nuestras misiones. - Maia seguía perpleja por la increíble noticia.
        
         - Me explicó que era él quien aprobaba nuestras misiones y también dentro de lo mismo, me ofreció una misión de bajo riesgo… esta.
 Y así al fin llegó a lo que estaban buscando Maia y Zio.

         ¿Pero cómo era posible que alguien pudiera ser así y que hubiera sobrevivido hasta los 17 años? Era tan descuidado y despistado. La sangre hirviente del joven cirquero bajó su intensidad como una fiera al acecho que trata de entender una situación nueva y extraña. No era confusión, solo estaba alerta. Su tono era sincero y su razonamiento era como el de un niño pequeño, obviamente ignoraba la situación.

         - Tenías razón, es solo un estúpido. - Sentencio finalmente Zio tras darse cuenta que Tsuna fue manipulado tan fácilmente.

         - Tsuna… - Parece que Maia se había dado cuenta de la situación también, afortunadamente.
        
         - ¿Qué? ¿Por que soy un estúpido? - Resongó Sawa con leve molestia.

         Si no lo había entendido para este momento, jamás lo entendería, explicarle todo sería una pérdida de tiempo. Era claro para el lobo de fuego cual era el papel de Tsuna en los planes de los demás, así que solo recostando la espalda en el suelo para ver directamente a los otros dijo en un tono seco:
         - No te molestes, niño tonto. Es mucho mejor que la alternativa.

         - Tsuna ¿no has considerado la pobre información que hemos recibido para nuestras misiones? - Interrumpió la maestra agua, levantando la mano para silenciar a Zio, quien al ver esto volvió a sentarse dando la espalda a la conversación como había estado en un principio.

         - Pues claro que consideré eso. Luego de que Il Palazzo fue nombrado traidor. Sin embargo la inteligencia de esta misión no fue recopilada por él. - Replicó el chiquillo aun molesto. - Pero como comitiva diplomática, somos virtualmente intocables. Hacernos algún tipo de daño significaría guerra. - Hizo una pausa y después reiteró. - Nosotros como comitiva diplomática somos intocables, hacernos cualquier daño podría significar guerra, así que estamos a salvo mientras estemos aquí. Si nosotros no llegamos en buenas condiciones al Reino Tierra sería un desastre para Arbitri.

         Zio se encontraba definitivamente extrañado; ¿las habilidades de diplomacia de las que se ufanaba Tsuna tan a menudo consistían en esto? ¿Repetir una y otra vez lo mismo hasta que el oyente se rindiera a la idea de lo que estaba diciendo el chico Sawa? En la cabeza del cirquero no había explicación para algo tan absurdo. Tal vez era el orgullo por las habilidades de duelo lo que hacían que las personas de la Nación del Fuego tuvieran diferentes niveles de respeto, es decir, esta "diplomacia" de la que todos hablaban parecía muy inferior en calidad al ser comparada con los pequeños trucos que jugaba su madre, Nazira Kyujitsu, para lograr que el joven se comportara. Además, su gente era tan infinitamente más creativa en el día a día que si tuvieran el poder que se les concede a esas familias "importantes" y ese odio tan injusto en contra de los comunes como el alférez Kyujitsu, la guerra de 100 años se hubiera resuelto tal vez… ¿en 10 años? y el pequeño Zio hubiera nacido como gobernante de Ba Sing Se.
         - ¿Una muralla impenetrable? Fácil, fácil. - Pensaba Zio con una sonrisa en el rostro mientras la alferez Fujino veía a Tsuna con cara de incredulidad.

         - ¡Pues claro! - le afirmó en tono sarcástico, después de todo, parecía que el chico Sawa se encontraba algo lento ese día.

         - ¿Que significa virtualmente? - Pregunto Zio desde su mundo de teorías y preguntas.

         - Es como efectivamente. - Respondió Tsuna. Tal vez esa era la razón por la que eran familias importantes, su vocabulario era definitivamente más extenso que el de los cirqueros, o mejor dicho, más extenso que el de Zio. El lobo de fuego había oído hablar al maestro de ceremonias del circo Kyujitsu manipular a los soldados de las ciudades y poblaciones en los que se habían asentado y ¡demonios! ese sujeto usaba palabras bastante rebuscadas y extrañas.

         Mientras Zio se encontraba ponderando la razón por la que Tsuna era indiscutiblemente superior a él en sociedad, Maia seguía fútilmente tratando de lograr que el hijo del dragón Zen, tomara conciencia de lo implicaba pensar en los riesgos de sus acciones en lugar de solo en el beneficio. La tarea de un tonto.

         - Tsuna… - La chica tomó un momento para meditar sus palabras, tal vez si pensaba con suficiente ahínco lograría parafrasear la lógica de una forma en la que hasta un querubín podría entenderlo. - …de nuestras misiones pasadas, ¿tuviste alguna otra sobre la que no nos hayas contado? es decir, ¿misiones diferentes a las nuestras?
        
         Una expresión de confusión se adueño del rostro del chico Sawa, parecía que al fin comenzaba a comprender que había algo extraño en la forma en la que la maestra agua indagaba, sin mencionar el inusual berrinche del cirquero.
         - Huh? No, para nada. ¿Por qué no les contaría? - Hizo una pausa. - No he participado en ninguna misión secreta además de lo de juez en la prueba.

         - ¿quién sabe? no sueles informarnos sobre tus acciones. - Maia seguía intentando pescar las reacciones de Zio pero era inútil, seguía en absoluto silencio, como si no estuviera ya en esa habitación. Dado que en cierta forma ya no estaba ahí. Repentinamente un ambiente frio se apodero de la habitación. No, no era un simple sentimiento interno o tal vez sí. En la cabeza del cirquero habían demasiadas ideas revoloteando para concentrarse en una sola. En ese momento Zio sintió a Maia levantarse a sus espaldas lentamente como para hacer énfasis en su punto. - Tsuna ¿estás consciente de que podrían investigarnos por traición solo por hacer esta misión?

         - Bueno que lo hagan, no temo a una investigación. Todos mis fallos ya fueron expuestos en la corte marcial. No me queda más nada malo por lo que podría estar en problemas con los del alto rango.

         Zio estaba completamente desconcertado por ese acto de egoísmo absoluto. Maia debería estar pensando exactamente lo mismo, después de todo estaba ahí de una forma complicada, sin mencionar el secreto de Ling y por supuesto, la nueva situación con el mundo espiritual. Lo único entendible que salió de los labios del alférez Kyujitsu fue la frase "que imbécil" o algo que sonaba parecido a eso, pero la maestra agua no se contuvo al responder.

         - ¡¿Cómo puedes ser tan irresponsable?! ¡¿Acaso tus obligaciones como líder del equipo no significan nada para ti?!  

         - ¿Pero es que acaso ustedes sabían esto desde el principio o es una suposición? - Respondió el alférez Sawa.

         - ¿Como íbamos a saber eso desde un principio? - replico Zio sin voltear. - Tú  fuiste el que negoció la misión, lo demás es lógica común. Lo sabrías si te hubieras detenido a pensar como nos afecta esto a los demás.

         La conversación se extendía y no llegaba realmente a ningún lado. Tsuna seguía defendiendo su punto sin realmente estar seguro de cual era, mientras Maia lo acusaba de haber metido a los demás en más problemas del que podrían manejar a cambio de él estar libre de culpa y responsabilidad. En la mente de Sawa, eso es probablemente lo que significaba ser el lider, simplemente estar en la posición en la que todos se sacrificarían por él. y no recibir órdenes de las personas inferiores de fuera de la nación del fuego.

         El frio.

         El frio volvió y se hizo más tangible.

         Zio de vez en cuando intervenía en la discusión que estaba ocurriendo en la habitación pero sin aviso mientras respiraba para conservar la calma su aliento empezó a hacerse visible. No era humo ni vapor. Era la clase de cosas que solo pasaba durante las noches de invierno en los lugares más fríos de las colonias que habían constituido su niñez. Eso no era sencillamente posible. Era un lugar de hecho algo cálido y aunque estaba terminando el verano, aun era muy pronto para algo así. Algo ocurría, algo que no era natural y no era momento para dejar pasar cosas por alto aunque fueran extrañas. ¿Acaso las habilidades de Ling se habían salido de control? lenta y dudosamente se levantó para asegurarse de que su prometida estaba bien pero cuando su mano tocó la perilla de la puerta de la habitación, ésta se encontraba húmeda. No era natural, no era como si alguien hubiera derramado agua en ella. Era algo inusual, como si la perilla hubiera sudado.

         - ¿Zio? ¿Te vas? - El tono de voz de Tsuna era como el de un niño asustado pero eso realmente carecía de honestidad, era probablemente otra de sus manipulaciones.

         - ¿Eh? ¿De qué hablábamos? - replico Kyujitsu con una cara de confusión.

         La maestra agua suspiró lentamente sin reaccionar ante la pregunta del cirquero. -Entonces, no te parece que algo como una investigación, que esta misión la haya asignado un traidor, que todas nuestras misiones anteriores hallan pasado por manos de alguien involucrado con nuestros objetivos. - El tono de voz de Maia se incrementaba, a la vez que buscaba enfatizar más su argumento.
         - O que posiblemente nos hayan estado usando, ¡¿nada de eso te importa en absoluto?!

         Zio volvio de vuelta a la realidad y a ese momento en el tiempo en el que Tsuna, Maia y él; discutían sobre los acontecimientos presentes pero no se trataba de lo que sucedía, no estaban llegando a ningún lado. El alférez Sawa estaba evadiendo con singular habilidad las acusaciones y preguntas incómodas, era casi como si realmente no estuviera escuchando lo que decían ni Maia, ni Zio. Sin pensar demasiado respondía cualquier idea que estuviera cruzando por su mente en ese momento. La realidad, la verdad, no iba a salir sola. Fueron a aclarar las dudas, no a crear más y la desinformación que estaba proporcionando Tsuna era más peligrosa de lo que él pensaba.

         ¡Por supuesto! ¡Odio esa sensación y creo que Mustang también está involucrado de alguna forma!
        
         - Que cínico. - Pensó el joven Kyujitsu. - Pero no hay nada que hacer, Maia sigue tratando de que entienda algo que realmente está por sobre la capacidad de Tsuna. Que perverso es este chico, que egoísta y de mente cerrada.

         La discusión seguía en la habitación, mientras el lobo se ponderaba profundamente sobre la situación, más tarde trataría de preguntarle a su padre como es que alguien con el carácter de Tsuna pudo haber sido criado como alguien tan horrible por Zen Sawa, un hombre al que su padre tenía con mucha estima como amigo. Antes de desaparecer del ojo público, Kazuo, padre de Zio, dejó a un pequeño Tsuna y a una infante Azalia a los cuidados de Zen. Tal vez la sangre de Honzaku Dashi, el asesino de bendecidos, corría con mucha fuerza dentro de sus venas; eso explicaría la razón por la que Tsuna no sentía ninguna clase de culpa por sus acciones terribles, hacia caso omiso de lo que le pasara a los demás y su inexplicable hambre por poder absoluto. La sangre de Zio hervía.

         - Y somos embajadores, no tiene sentido que nos maten aquí. - Termino de chillar Tsuna.

         - Esto no tiene ningún sentido. - Interrumpió calmadamente el cirquero mientras lanzaba dagas de sus ojos en dirección a Maia. - no vamos a ningún lado.

         - Tienes razón.- murmuro la maestra agua.

         - ¿Quieres saber algo? - rompió su mirada y agregó en un tono más casual y desinteresado. - No me molesta que Mustang este encima mío y que este enterado de todo lo que hago, no me importa cómo se entera ni lo que hace al respecto. Él en la razón por la que estoy aquí. Que él este encima mío todo el tiempo hizo que conociera a gente que nunca hubiera conocido y me dio la oportunidad de encontrar a alguien especial. - Zio tomo una pausa y luego prosiguió. -¿Sabes qué realmente me molesta sin importar que me consideren mejor muerto que vivo o estar en constante riesgo de muerte?

         Tratando de retomar el ritmo que había llevado y para conservar la diplomacia entre ellos, Maia intentó interrumpir; esto no se iba a salir de control mientras ella pudiera hacer algo al respecto. Pero ella no contaba con que el lobo había tenido suficiente con la espera, suficiente con no afrontar el problema directamente y por sobre todo, suficiente con esa fachada estúpida llena de conspiraciones que lo afectaban de un modo u otro.

         - Tsuna, lo que está tratando de decir Zio... - Maia abrió el dialogo nuevamente pero fue interrumpida por el maestro fuego que ya no aguantaba este método cansón y ridículo.

         - ¡No! ¡No lo sabes! - Volteo a ver a la maestra agua vociferando. - ¡Estoy harto de esperar a ver qué pasa! - Maia se congeló esperando sin poder evitarlo la confrontación de los dos maestros fuego.
 - Tsuna. - Prosiguió Zio. - Que un maldito engreído como tu este tratando de averiguar todo sobre mi, haciendo las cosas sin pensar en los demás, aliados o enemigos, no me inspira la más mínima confianza, sobre todo una persona que fue responsable del liderazgo de una misión que le costó la vida a tanta gente y que solo se fue a ver qué pasaba, que no dijo ni pio cuando volvió y que en ese ínterin regresó con una misión nueva como si nada hubiera importado. Una persona que está soltando nombres por ahí con un plan por debajo de todo lo que hace, con un papel que le muestra a la gente de la nación del fuego y que debe buscar información sobre algo de lo que nadie está enterado a las Puertas de Sozin, que además pretende que le dé mi absoluta confianza como si nada y ¡¿después tienes las bolas de decirme que no lo haces por qué crees que me caes mal?! - Sin darse cuenta, el cirquero estaba respirando fuego cerca del rostro de su compañero de una forma en la que sus sentimientos habían demostrado sus verdaderas intenciones. Había perdido su batalla habitual con las emociones y había perdido su velo de duda que tan bien le había servido hasta ahora.

         No era para nada tiempo de perder los estribos, era momento de recuperar el control absoluto, jugar una carta de engaño y amistad para poder permanecer cerca de este sujeto, Tsuna Dashi, y proteger al mundo de su poder. Reflexionando, inmediatamente hizo su mejor esfuerzo para volver al centro de la habitación, sentarse en el suelo de espaldas a sus compañeros e idear un plan mientras trataba de conservar la calma.

         - El engaño, Zio... - Pensó. - Si te muestras como eres realmente ante él, perderás la ventaja y él sigue siendo mucho más fuerte que tú en combate; el engaño es tu única ventaja sobre él. Es lo que te permitirá actuar si lo peor llega a ocurrir.

         - ¡Sé que fue mi culpa! ¡Trataba de redimirme ante el grupo ofreciéndoles algo fácil! - La voz de Tsuna se resquebrajaba mientras lo decía, pero estaba clara su naturaleza. Fue fácil perdonarse a sí mismo por lo que hizo, pero lo que le importaba realmente, aun después de haber visto a aquella mujer que era la líder de la operación del juppongatana en esa ocasión, era como lo veían las personas a las que se debía acercar por motivos desconocidos. - Se que fue mi culpa, se que fui un terrible líder.

         - ¡Ese no es el punto! ¡Es demasiado obvio que estas persiguiendo otra cosa que no son las misiones de los Qiu he, Midna o Urahara!

         - Que monstruo es ese chico, es incapaz de sentir nada por alguien a quien considere inferior; el hijo de Zen Sawa… ¿Estás seguro de haber hecho lo correcto, ´pa? - Pensó Zio. - Ya estoy metido en este lugar, si cambio repentinamente sin ninguna explicación sospechará, debo esperar mi momento pacientemente pero por ahora debo seguir presionándolo sin ocultar mi disgusto. Aunque si lo empujo lo suficiente podría sacar las tensiones y crear una oportunidad para volver al acto.

         - Lo tengo. - Concluyo Zio en unos instantes con un susurro que por poco escapa de sus labios. - Empieza a cantar Sawa-Dashi.

         Sin aviso previo, una penumbra invadió la habitación casi inmediatamente después del silencio que generaron las palabras del Alférez. Era una oscuridad anormal, nada lograba alumbrar la habitación, ni siquiera la luz que provenía desde fuera de las ventanas. Luego una luz.

         - Zen Sawa y otro sujeto hablan con respecto a Honzaku Dashi... Azalia Sawa, la hermana menor de Tsuna está a mi lado. - Zio se encontraba desconcertado por un segundo, esto parecía ser un recuerdo proveniente directamente de Tsuna. - ¿Que está intentando ahora?

         Lo que parecia ser un recuerdo concluyó en la decisión de unirse a los Qiu He para encontrar a Honzaku, asesino de bendecidos; pero antes de poder reaccionar llego uno diferente. Era en un lugar extraño, todo parecia estar hecho de agua y hielo. Una fiesta de alguna clase. Un compromiso. Shiro.
         - No es posible. El mushi que come memorias puede que haya infectado a Tsuna pero está proyectando algo que debería pertenecer a Maia. ¿Qué significa?

         Antes de que la oscuridad y el recuerdo se disiparan, Ahí se encontraba un sujeto que por las descripciones de Maia debería ser Saito. La habitación volvió a la normalidad pero las expresiones en los rostros de cada uno habían cambiado, habían compartido sus recuerdos y cada uno sabía lo que los demás habían callado. Era real, eso había ocurrido antes. Tsuna se encontraba alterado y Maia silente; el suelo se encontraba lleno de agua como si estuviera empezando una inundación. El estomago de Zio se encontraba revuelto y en su garganta, esa cantidad de agua era suficiente como para alterarlo mas allá de lo que había ocurrido. Por suerte, eso fue exactamente lo que pasó.

         El lobo se encontraba atónito pero debía estar seguro, si los poderes espirituales se estaban manifestando con esta fuerza tenía que haber una razón.
         - ¿Shiro? - inquirió el maestro fuego en dirección a la maestra agua. - ¿Y luego Saito?

         Maia respondió las preguntas de Zio con un silencio terrible pero Tsuna solo se encontraba en silencio esperando sacar alguna conclusión de lo que había pasado, estaba inusualmente calmado para que fuera la primera vez que demostraba su poder espiritual. ¿lo habría hecho a propósito? ¿Su nivel espiritual ya estaba tan alto?
- Un momento. -  Pensó el cirquero. - La dragonita... esta todavía dentro de mi bolso. - En ese mismo instante el cirquero logro materializar un objeto con suma facilidad.
- ¡Maldición! la dragonita esta irradiando.
        
         La habilidad adquirida del lobo no representaba ningún peligro inmediato para los demás en la habitación si lograba mantenerse suficientemente calmado, pero la de Maia haría que sus compañeros terminaran como simples charcos en el suelo; además, la sombra de Tsuna estaba batallando furiosamente y sin control, era demasiado peligroso cualquier contacto entre ellos en este punto. Inesperadamente Ling llamo a la puerta, la confusión estaba en un punto máximo en ese entonces, la habitación escurriendo como una tela mojada, el impacto de las habilidades fuera de control y el subtexto de Tsuna era demasiado para sobrellevarlo. Ling escondió la dragonita después de que Zio se lo encomendara mientras trataba de controlar la situación. Su propio poder también se encontraba fuera de control, era simplemente demasiado.
        
         Habían prioridades dentro de todo este alboroto, el chico Sawa seguía actuando como si nada le afectara, pero Zio seguía atribuyéndole el desperfecto a la dragonita en su bolso. Después de haber quedado en evidencia la verdadera razón por la que Tsuna había llegado a los Qiu He se hizo bastante más difícil volver a recuperar la posición esperada en la enmascarada de Zio. Maia por su parte, seguía tratando de separarse de la situación y calmarse, había fabricado una especie de tienda de hielo que la aislaba de la habitación. Pasaron varios preciados minutos en los que el gran espíritu del Sol, Shen Long, amenazaba con destruir el patronaje de Yue. De todas formas, desde que Midna habia ignorado sus deberes como espíritu patrón del ocaso hace varias semanas atrás... ¿Era realmente tan importante que algún espíritu vigilara tan celosamente su territorio? parecía incluso absurdo, pero eso... no fue lo más imperativo esa madrugada. La discusión entre los tres jóvenes Qiu He en la habitación del hotel de alto prestigio en la Federación De Las Naciones Unidas llegaba a un nivel tan ridículo que mimetizaba habladurías infantiles. El cirquero atacaba, el mercantilista se defendía furiosamente pero la maestra agua continuaba mediando afablemente la cacería de brujas que había organizado dentro de su propia cabeza el lobo. Acusaciones, miedo, respuestas inconclusas y defensas dignas del abogado del Reino Tierra, Phoenix, como para no llegar a un sentimiento real de culpabilidad; fueron desplegadas con descaro absoluto por los pertinentes en la discusión que tomó lugar en aquel espacio cuadriculado que componía la jurisdicción de la comitiva diplomática del avatar Aang.

         - Huh? - dentro de la discusión, un amague espiritual de Tsuna había abierto las puertas del engaño que tan desesperadamente buscaba Zio... ¿Por qué desaprovechar tal oportunidad? Golpear la seguridad emocional y lógica de ambos estaba a la orden del día. - WAHAHAHAHAHAHAHAHA. - Zio se carcajeo desaforadamente lo mas convincentemente que pudo.

         -Lo siento, sé que es algo serio, pero acabo de comprender algo importante. - comento Zio mientras hacia un esfuerzo para controlar su risa.

         - ¿Qué?... um... ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué?

         Tsuna se encontraba sin notarlo, retrocediendo sin entender que sucedía, como era normal en él, pero sin embargo Zio se encontraba adelantándose en su dirección a paso seguro sin chistar.

         - Te he juzgado mal. - Comento Zio tratando de disimular su engaño y acercándose calmadamente hacia el confundido chico de la casa Sawa. - Creí que eras un idiota malvado pero simplemente eres un idiota regular. - Zio hizo una pausa pensativa para disimular sus verdaderas intenciones. - Puedes ser hasta un idiota amable, como yo.

         Y con eso se decidió, no había que dar más saltos hacia adelante y hacia atrás. Zio había bailado alrededor del confundido Tsuna y había vuelto al lugar en el que no levantaría sospechas hasta que tuviera que actuar, y si no debía hacerlo, mejor para el cirquero.

         - Ah Zio. - Interrumpió Maia. - Puedes ser un pesado a veces, ¿lo sabías?

         Con una sonrisa apacible y amable, que destellaba inocencia y ligera alegría; el cirquero respondió:
         - ¿Verdad que si?

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