El grupo se encontraba próximo a llegar a su destino, un pueblo al oeste del gran desierto de Si Wong. Esperaban recibir la ayuda de los locales para encontrar a su objetivo, ya que la información que habían recibido era muy escasa. Llevaban días viajando en una carreta sin comodidades, esperando reunirse con Zio quien se había adelantado para dar inicio a su plan.
Aunque el líder oficial de la misión fuese Tsuna, ya que ninguno de ellos se sobrepasaba en rango y todos eran inexpertos en situaciones de combate, el grupo seguía al único que había demostrado cualidades de planeación. En efecto, Zio había hecho justo lo que él mismo había planeado y luego de enterarse que el pueblo era asediado regularmente por un grupo de ladronas, se paseó por el pueblo ostentando su armadura blanca y presentándose como un gran héroe que los salvaría de su situación. Pero lejos de recibir apoyo, parecía que le temían. Al llegar el resto del grupo dos días después, encontraron a Zio encarcelado.
Rápidamente aclararon el malentendido y se dispusieron a recaudar información. Los habitantes del pueblo habían confundido a Zio con uno de los muchos asaltantes que se aprovechaba de la apartada ubicación de aquel pequeño lugar. Confirmaron haber visto a alguien con la descripción de Kamatari, contándoles que solo aparecía una vez cada varias semanas, sin seguir una rutina aparente. Enfrentando la posibilidad de esperar por un largo tiempo y esperando ganarse la confianza de los locales, deciden investigar sobre las ladronas que atormentan el lugar.
Mientras inspeccionaban el lugar, Maia encuentra la entrada a una pista clandestina de carreras ilegales. Adentro, encuentra docenas de lobos-murciélago, encadenados a una pared. El guardia que cuidaba de ellos le explica que después de perder las rutas comerciales, las apuestas se habían convertido en la única fuente de ingreso del pueblo. La maestra agua lo tranquiliza diciéndole que no están allí para reportar sobre sus actividades económicas y abandona el lugar llevando consigo una planta que según el guardia, era usada para ahuyentar y controlar a los lobos-murciélago.
Entre bares y posadas, descubren que el grupo de criminales exclusivamente femeninas no solo habían eliminado las rutas comerciales que pasaban por el pueblo, sino que recientemente habían comenzado a secuestrar maestros tierra misteriosamente. Con la sospecha de que las ladronas y Kamatari estaban de alguna manera relacionadas y movidos por el extraño idealismo de Zio, deciden infiltrarse en el escondite de las ladronas por medio de una trampa simple: esa noche uno de ellos se disfrazaría de maestro tierra y cuando fuese a ser secuestrado los demás lo ayudarían, capturando al secuestrador. Zio se ofreció como voluntario, ya que los otros hombres en el grupo eran un verdadero maestro tierra y el “líder” de la misión, y si algo fallaba los necesitarían a ambos para continuar.
El plan falló, y Zio fue llevado con las ladronas como prisionero, pero no sin dejar un rastro que sus compañeros pudieran seguir. Roland y Kwan, los maestros tierra del equipo, lograron dar con la entrada de un complejo de túneles en las afueras del pueblo. Sabiendo que era el lugar correcto, ingeniaron un plan para poder entrar y rescatar a Zio. Para evitar ser capturados, se harían pasar por miembros de la banda de criminales, mientras otro grupo creaba un túnel de escape por debajo de ellos para asegurar su rápida salida. Las tres chicas del grupo, Kwan, Ling y Maia, entrarían caminando por la entrada.
Con ayuda de Roland y Tsuna bajo tierra, las chicas lograron dejar inconscientes a los guardias antes de que sonaran la alarma, entrando al complejo interno con naturalidad. Al poco tiempo encuentran un grupo de mujeres armadas, rodeando a alguien que parecia haber tomado de rehen a la persona a cargo en la cueva. Se trataba de Zio, quien habia aprovechado un momento de distracción de sus captores y ahora amenazaba con su fuego control y una botella de aceite a una chica de nombre Yi-ina. Al ser la única de las tres que había leído los informes de la misión anterior, Maia sabía que los habían enviado a capturar a Kamatari por su conexión con Sho, el sujeto capturado en dicha misión. Con temor por la desventaja numerica y apostando a que las ladronas y Kamatari estuviesen relacionadas, Maia se adelantó tomando el papel de líder, convenciendo a todos de que eran mensajeras de Sho con un mensaje urgente para Kamatari. Imitando lo que había visto hacer a Zio con Sho, le entregó una bofetada violenta a Zio, reprimiéndolo por su comportamiento y afirmando que era un miembro de su comitiva encargado de revisar la seguridad de la operación antes de su llegada.
El pequeño teatro convence a Yi-ina y son invitados a quedarse en una de las habitaciones a esperar por Kamatari, quien llegaría en los próximos días. El grupo se reúne en la habitación, preocupados por su siguiente movimiento. Habían confirmado la relación entre las ladronas y Kamatari, y esta llegaría en los próximos días. Sin embargo, estaban gravemente superados en número y bajo el riesgo de ser descubiertos en cualquier momento. Mientras el resto del grupo decidía un plan de acción, Maia y Kwan salen a hacer reconocimiento en la guarida de las ladronas. Descubren que el complejo es del tamaño de un pueblo pequeño, y que ha estado allí por mucho más tiempo del que pensaban. Encuentran también una sala donde convertían maestros tierra en esclavos sin voluntad y cerca de allí, el lugar donde mantenían presos a un gran número de maestros tierra.
De regreso en la habitación, Tsuna había reconocido a un “sirviente” que les habían asignado, afirmando que se trataba del jefe desaparecido del pueblo cercano y la razón por la que todavía no habían pedido ayuda en relación a las ladronas. Dispuesto a rescatarlo, Tsuna lo intenta convencer de regresar a pesar de las advertencias del resto del grupo. El “sirviente” se dispone a dar la alarma pero es dejado inconsciente antes de hacerlo y llevado bajo tierra por Tsuna y Roland. Maia y Kwan regresan para ser enfrentados por Yi-ina, quien comenzaba a sospechar al no encontrar al sirviente que había dejado a su cuidado. Honestamente dicen no saber nada al respecto y ofrecen su ayuda para buscar al desaparecido, pero la chica rechaza su oferta.
Una vez reunidos con los demás, deciden que su tiempo a salvo se agotaba y comienzan a planear su huida. Con el fin de llevarse a la mayor cantidad de maestro tierra secuestrados, optan por dividirse, pero antes de poder comenzar con el plan son descubiertos por Yi-ina. Gracias a la rápida acción de Roland y Kwan, logran sorprenderla antes de que de la voz de alarma y la encierran en un bloque de tierra. Maia y Kwan guían a Roland para crear un túnel hasta la prisión de los maestros Tierra, pero al llegar ya esta se encontraba vacía.
En la habitación, una pequeña niña había pasado a preguntar por Yi-ina. Se trataba de la verdadera persona a cargo de la operación, una temible y muy joven maestra tierra llamada Tai Fu Yin. Zio logra distraerla a tiempo para volver a su discusión con Tsuna, quien mantenía que era su deber intentar rescatar al jefe del pueblo aun a costa de la misión. Tai Fu Yin vuelve y para entretenerla Zio va con ella en busca de Yi-ina, brindándole al grupo el tiempo necesario para llevar a cabo la huida.
Mientras tanto, Maia logra escuchar que Kamatari ya había regresado y había organizado un grupo de emergencia con sus mejores guerreras para apresar a algún impostor. Entendiendo que su fachada se había desmoronado, llamó a Kwan para regresar a la habitación mientras Roland preparaba el túnel para su escape. Al escuchar las noticias de Maia, Ling sale en busca de Zio, preocupada por la posibilidad de que lo estén llevando hacia una trampa. Maia intenta detenerla pero la velocidad de la maestra tierra era demasiado para ella. Kwan y Maia la siguen, pero al aproximarse a la intersección principal de la cueva escuchan un estruendo atemorizante.
Desde uno de los túneles, Ling y Zio eran perseguidos de cerca por una multitud de maestras tierra, encabezadas por una persona alta y delgada cargando una hoz de proporciones sobrehumanas. Se trataba de Kamatari, que al conocer el paradero de Sho pudo ver a través del engaño de Maia y se había preparado para atraparlos. Los ataques de flechas, rocas y la masiva hoz de Kamatari amenazaban con letal cercanía a Ling y a Zio. A la salida de aquel pasillo, Roland y Kwan construían la entrada a su túnel de escape, mientras Tsuna y Maia se preparaban para recibir a los perseguidores de sus compañeros. Al llegar a la intersección, su retirada se había visto impedida por un grupo de maestros tierra hipnotizados.
Poco después se vieron rodeados por la totalidad de las fuerzas de Kamatari, con ella misma encabezando la pelea. Kwan y Maia se mantienen alejadas del frente mientras ayudan a despejar el túnel de escape, al tiempo que Tsuna, Zio, Ling y Roland se enfrentaban a Kamatari y los maestros tierra. Esquivando por muy poco los ataques incesantes de Kamatari, el grupo logra huir de la multitud por el túnel que habían preparado. A escasos metros de la salida son alcanzados por Kamatari y rodeados por otro grupo de maestros tierra. La pelea continúa, con el grupo de Tsuna intentando incapacitar a los maestros tierra sin causarles daños y Kamatari atacándolos con toda su habilidad.
Aparece una abertura en la muralla de maestros tierra que es aprovechada por Maia y Kwan para salir de la pelea. Al ver esto, Roland actúa sellando el túnel por el que habían salido para evitar que los siguieran. Con intenciones de ayudar a sus compañeros, las chicas llegan a la idea de llevar a los lobos-murciélago del pueblo hasta el lugar de la pelea, pensando que entre la confusión causada por los animales, sus compañeros podrían escapar. Las dos se disponen a crear un nuevo túnel en dirección a la pista de carreras ilegales.
Mientras tanto, Zio y Tsuna logran hacerle frente a Kamatari usando aceite para destruir su arma. En un momento de distracción, Roland aprovecha para inmovilizarla dentro de un bloque compacto de tierra, pero es liberada por Yi-ina y Tai Fu Yin que habían llegado a la escena. A pesar de haber logrado alcanzarla con su fuego, las cosas no iban bien para Zio y Tsuna que se encontraban superados en número por las dos maestras tierra. Roland y Ling por otro lado, lentamente disminuían las filas de los maestros tierra hipnotizados, obligándolos a retirarse de regreso a la cueva.
En ese momento, Kwan y Maia habían llegado a la pista de apuestas, y habían conseguido la ayuda del guardia para llevar a los animales a través del túnel sin saber que estos estaban hambrientos y fuera de control. Zio y Tsuna quedan en tablas con Yi-ina y Tai Fu Yin, ambos lados incapaces de hacer un movimiento que supere al contrario. Roland atrapa a Kamatari de nuevo cuando esta intentaba regresar a la cueva, dependiendo de Ling para defenderlo de los maestros tierra. De repente comienzan a escuchar el sonido de la manada de lobos-murciélago acercándose.
La manada los ataca sorpresivamente, con el salvaje descontrol de unas bestias hambrientas. Todos reciben heridas fugaces de sombras y colmillos moviéndose desenfrenados. Tsuna usa su fuego y ahuyenta a un grupo de criaturas, no sin antes haber recibido varias mordidas. Zio y Ling luchaban contra un grupo que los había marcado como su presa. Yi-ina hacia lo posible para proteger a la joven Tai Fu Yin que había recibido una herida profunda en una pierna y era asediada por una docena de criaturas. Roland reacciona entre el caos y atrapa a Kamatari, alejándola de la escaramuza, lanzando roca tras roca hacia los animales enfurecidos. Zio se une a Tsuna, creando llamaradas ardientes que logran asustar a la manada y los incitan a buscar refugio en la cueva de las ladronas.
Yi-ina y Tai Fu Yin se ven abrumadas por la cantidad de lobos-murciélago y las heridas que habían sufrido, resguardándose en una pequeña concavidad en la entrada de la cueva. Sin saber esto, y al ver que las criaturas habían entrado en la cueva de las ladronas, Roland decide cerrar la entrada de la cueva, derrumbándola para detener a sus perseguidores y evitar que las criaturas los atacasen de nuevo. El grupo se apresura en aprovechar esa breve ventana de quietud para llevarse al objetivo de su misión hasta una carreta en las afueras del pueblo.
Poco despues, Kwan y Maia emergen del túnel, solo para encontrar el lugar de la pelea completamente desierto. Con la seguridad de que su plan había resultado, regresan a las afueras del pueblo para encontrarse con sus compañeros. Ya en las afueras del pueblo. Tsuna se acerca a una de las casas con el “sirviente” que había rescatado, dejándolo allí para ser encontrado por sus seres queridos. El grupo parte rápidamente y sin despedidas, aun temerosos por las represalias del grupo de ladronas que quedaban en la cueva.
[Al caer la noche dentro de la cueva, los numerosos maestros tierra hipnotizados, carentes de nuevas órdenes, se defienden en la oscuridad, sin cuestionar ni razonar, de algo que no comprenden. Sus esfuerzos logran, con el tiempo, debilitar los cimientos que sostenían aquella precaria base subterránea. Sus últimos momentos, carentes de emoción o pensamiento, permanecerán olvidados por siempre]
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