30/3/00

[La Corte Marcial de Zio Kyujitsu]


Temprano en la mañana, Maia se prepara para salir de su cuarto, una habitación de huéspedes en la residencia de una de las familias más importantes de los círculos altos de Ba Sing Se. Desayuna junto a la familia de Kwan Illmeth; sus hermanos y sus padres. Tsuna Sawa también se encuentra allí, conversando amenamente con el padre de Kwan sobre las últimas reformas del Señor del Fuego Zuko. Maia y Kwan salen de la residencia para encontrarse con el resto del grupo en la entrada de la sede de los Qiu He. Los ánimos del grupo son variados. A pesar de la tensión, Zio parece despreocupado. Un joven los encuentra para llevarlos a la sala del tribunal de la organización.

Al llegar, Tsuna los estaba esperando dentro de la sala. Con una mirada optimista y esperanzadora, le asegura a Zio que le consiguió la mejor ayuda en Ba Sing Se. Sin entender mucho al respecto, Zio se sienta sin entusiasmo en el lado de la defensa. El resto del grupo se sienta en la audiencia, detrás de Zio. Todos menos Ling, a quien nadie ha visto ese día. Poco después, entran ceremoniosamente el juez, y los abogados de ambos lados.

Representando a la Organización, se encuentran el comandante Ikari en persona, y su asistente Fujutsuki. Al lado de Zio, se sentó un anciano de rostro amable y un joven con actitud determinada. Al verlo, Zio lo reconoce inmediatamente, sin hacer ningún esfuerzo por ocultar su sorpresa.

“ ¿el viejo de la casa del té? ¡¿Me vas a decir que es lo mejor que pudiste conseguir?!”  Le susurra con burla e incredulidad a Tsuna, quien estaba detrás de ellos.
“ ¿No sabes quién es? Es Airo ¡El dragón del oeste!” Le responde Tsuna con entusiasmo disimulado, pero sin lograr transmitirle el sentimiento a Zio.
El juicio comienza cuando el Juez Illmeth llega a la sala. Después de los protocolos de inicio, el sub-comandante Fujutsuki enuncia el cargo con el que se acusa a Zio: desobedecer una orden directa del Comandante.

Se llama al estrado a Zio Kyujitsu. El sub-comandante Fujutsuki lo interroga sin compasión, destruyendo cualquier sospecha de inocencia que pudiera todavía tener el jurado por Zio. Para algunos hubiera parecido que Fujutsuki ejerce su cargo como procurador general de la organización con calculada eficiencia. Pero para Maia, así como para el resto del grupo, resulta dolorosamente evidente que Zio no hace ningún esfuerzo por evitar los cargos. Incluso podrían decir que los admite sin vergüenza. La violenta sesión de preguntas, cuyo objetivo no era otro sino evidenciar cada vez mas la terrible falta de Zio, se acelera al tiempo que se comienza a redundar en motivos e intenciones ocultas, consecuencias y demás exageraciones que retratan su desobediencia como el principio de un descenso al caos mundial. Sin dejar tiempo para que la defensa desarme su postulado, dictamina severamente la gravedad de sus faltas, pausando dramáticamente mientras saborea lo que considera una victoria fácil.

Demasiado pronto.

Una ráfaga de viento irrumpe violentamente en la sala. Las puertas de la sala no han terminado de golpear contra las paredes cuando una voz imponente se escucha retumbar por todo el lugar.

“¡DETENGAN EL JUICIO!”

Nadie repara en la súbita expresión de derrota en Zio, quien adopta la misma mirada confundida del resto de la audiencia unos instantes después al ver a un joven de la edad de Roland entrar a la sala. Levanta la vista para ver a la persona que entraba a la sala: un joven alto, delgado, vistiendo túnicas amarillas y ocres, con un tatuaje en forma de flecha en su cabeza.

Todos en la sala guardan silencio mientras el joven comienza una ruidosa discusión con el comandante, quien había abandonado su usualmente frío semblante y para sorpresa de todos se encontraba respondiendo la acalorada discusión. El recién llegado declara abiertamente que el juicio debe ser declarado nulo, ya que la organización de los Qiu-Hé solo es militar en su estructura, pero para todo lo demás depende de las buenas intenciones y principios de sus miembros. “¡Y responder a su pregunta, aunque viole una orden, estaría en contra de sus principios!” dijo, señalando a Zio sentado en el estrado y luego a Ikari. El joven parecía no reparar en las excusas del comandante sobre “la gravedad de ocultar a una persona de tanto valor”, o la importancia del “programa de reestablecimiento cultural”. En una completa demostración de autoridad (o falta de respeto), el joven entrega una aseveración final, se da media vuelta y sale de la sala en silencio, dejando al comandante Ikari sumido en la expresión mas profunda de rencor.

Un par de minutos pasaron antes de que la quietud fuera rota por el juez Illmeth.
“ahem… bien… por orden del Avatar, los cargos por desobedecer una orden directa de su superior, impuestos al alférez Zio Kyujitsu han sido invalidados. Y… hmm… supongo que los cargos adicionales presentados en su contra por esconder la identidad y locación de un maestro aire serán… retirados.”

Los presentes tardaron varios minutos en comprender que el juicio había terminado.

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