18/3/00

[ El primer día ]



En el primer día de su nueva vida, Maia se encuentra apagada y distraída. Habiendo encontrado una forma de librarse de su infección mushi, lograron sobrevivir fusionándose con el organismo que los infectaba. Todos en el grupo cambiaron fundamentalmente. Maia, más que los demás, sentía el peso de no seguir siendo humana. Como si ya no tuviera permitido tener esperanzas. Tal vez por el impacto de tener que haber aceptado su lenta muerte al saber de la infección. Tal vez por haber tenido que poner su propia vida en la balanza, colocando recuerdos y aspiraciones en juicio evaluando el valor de sus experiencias. O tal vez solo sea por lo súbito que su mundo cambió, encontrándose de la noche a la mañana que su mera existencia rompe con todo lo que ella conocía como normal. O posiblemente todo al mismo tiempo. La mente de la joven no lograba tomar un paso atrás de su propia situación, quedándose inmóvil en un remolino de pensamientos y conclusiones que nunca permanecían lo suficiente como para ser consideradas.

Ling intenta lo posible por animarla. Aparentemente, los sucesos de la noche anterior no le afectaron tan profundamente, y por lo tanto mantenía una disposición mas alegre que la del resto del grupo. Aún así, se encontraba aturdida, en el mejor de los casos. Se encontró con la barrera emocional de Maia al preguntarle sobre su opinión e intentar charlar sobre su nueva condición, pero ésta solo le contestaba con frases muy cortas, negando o afirmando lo que Ling le decía.

La otra persona con un cambio inusual en su carácter es Zio. Se le ve muy pensativo y serio, como alguien que lleva una gran responsabilidad sobre sus hombros. Su expresión solo se suaviza con el contacto visual del rostro de Ling, quien se mantiene a su lado mientras no intenta subirle el ánimo a Maia. No obstante, durante todo el camino a su siguiente destino se mantiene distante.

Tsuna y Kwam lidian con lo acontecido hablando entre ellos. Entre comentarios sobre lo sucedido ocurren pequeñas conversaciones referentes a asuntos triviales del mundo político. El día a día de Ba Sing Se y la vida de la nobleza en La Nación del Fuego se convierten en temas recurrentes entre ellos, en un intento por recuperar la sensación de control que habían perdido. La firme intención de olvidar lo que pasó se aprecia en ambos mientras hablan, dejando escapar fugazmente sus inseguridades al recordar los eventos recientes.

Roland, siendo el mayor en el grupo, se limita a pensar en lo sucedido sin molestar a los demás. La única otra persona que parece estar tan sola como él es la joven maestra agua. Pero la idea de tener que sacarle conversación a quien considera una niña, especialmente en esta situación tan delicada, lo desanima antes de intentarlo. De todos modos, está acostumbrado a sentirse ajeno a este grupo tan joven, solo sintiendo algo de camaradería por el segundo mayor miembro del equipo, Zio.

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