30/3/00

[ Intermedio ]


“ ¡¿el QUE?!”

Casi al unísono, el grupo demuestra su desconcierto al tiempo que se apresuran a seguir a Zio, quien reaccionó saltando por encima del estrado y apresurándose para alcanzar al joven de ropaje amarillo. De todos, solo Zio había estado lo suficientemente cerca del Avatar durante su visita anual al mundo espiritual como para reconocer su rostro. Afuera de la sala, Zio tropieza con sus propias palabras tratando de encontrar algo que decirle al joven que acababa de salvarlo de un juicio. Al verlo, el Avatar lo ve sentenciosamente mientras le habla.

“ ¡TU! … ¿tu nombre es Zio?”

Zio se muestra confundido ante la pregunta, olvidando su agitación anterior y asintiendo con la cabeza.

“-pffiuuu- ¡que suerte, sí era la sala correcta!”

El Avatar Aang se relaja considerablemente, tomándose su tiempo para acomodar su túnica y saludar a Zio. Le explica como el maestro Ginko le había informado de la situación y le habia pedido que interviniera, en agradecimiento por haberlo llevado hasta la Nación del Fuego. Antes de terminar su explicación, el resto del grupo llega a la escena, a tiempo para ver a Zio demostrando su gratitud con gestos ridículos y exagerados. Maia, al igual que los demás, se muestra asombrada al estar en presencia del Avatar. Aprovechando el poco tiempo que tienen antes del siguiente juicio, deciden moverse a un lugar mas privado para discutir sobre su estado actual. Zio, como era de esperarse, encuentra difícil seguir al grupo después de haber encontrado el bisonte volador del Avatar afuera del palacio de justicia. Unos minutos después, todos se encuentran reunidos con el Avatar Aang en el cementerio. El grupo escucha las palabras del Avatar con ansiedad, mientras les explica lo inusual de su condición. Aprenden sobre los peligros que ahora enfrentan por ser mitad espíritus, sobre los espíritus guardianes que podrían deportarlos de vuelta al mundo espiritual y otras situaciones que en su previa existencia como humanos no los hubieran afectado. El Avatar promete investigar al respecto para tratar de remediar su situación y señala sus intenciones de partir inmediatamente, pero Maia lo interrumpe. Le habla sobre su hermana y como parece haberse involucrado con el espíritu guardián del mar del norte. A pesar de explicarle el peligro que podría estar corriendo, el Avatar descarta la situación como si se tratara de un malentendido. Les asegura que un espíritu guardián no posee razonamiento, que “es como un animal salvaje” y por lo tanto no puede ser pactado por un humano. Ni siquiera su relato sobre el ataque de Davi Jones logra convencer al avatar de la situación. Pero al ver que sus compañeros respaldaban su historia, promete investigarlo también.  Mientras terminaban de hablar, Maia produce una de sus flores de hielo con toda su concentración y habilidad. Se la da al Avatar para que se la lleve a la maestra Katara de su parte, diciéndole que es una gran admiradora suya. El Avatar le responde que un maestro agua no debería desperdiciar su agua de esa manera, pues es su única arma, lo cual solo molesta a Maia. Le responde que para ella el agua es un regalo que debe compartirse con otros, no solo un arma. En ese momento llega Zio, solo, quien minutos antes había ido a buscar a Ling. Sin poder gastar mas tiempo, el Avatar finalmente decide irse, despidiéndose del grupo antes de abrir su planeador y volar en dirección al palacio de justicia.

Tsuna es el primero en hablar después de la partida del Avatar.

“Creo que también debemos ir para allá…” –suspira profundamente- “no creo que mi juicio sea peor que el tuyo, pero igual me pone nervioso” dirígiéndose a Zio, sostiene la mano de Kwan mientras comienza su regreso a la sala del tribunal.

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