28/1/00

El asalto a los secuestradores de los Qiu-He Parte 1

‘Listo… asi esta mucho mejor…’ pensó la joven maestra-agua al terminar de vestirse con las ropas del enemigo.  Había escapado de una muerte segura a manos de unos salvajes secuestradores al intentar ayudar a su compañero Tsuna en una carnicería cerca de allí. El olor de la sangre seca en las paredes, y el color de los ganchos oxidados casi prueba ser demasiado para el estomago de Maia. Pero no podía abandonar a Tsuna asi. Zio había sido capturado, Ling desapareció, Tsuna estaba colgado en una carnicería esperando quien sabe que a manos de los secuestradores... la prioridad de Maia ahora era mantenerse con vida. No sabia de que eran capaces esos secuestradores. Atacó con todo lo que tenia, esforzándose por recordar las practicas con su hermana. Lograron vencer a ambos soldados, y luego Maia los aprisionó en capas de hielo. No quería que los siguieran con una venganza en mente. Tsuna sugirió quitarle sus armaduras para pasar desapercibidos, pero ninguna le quedaría al cuerpo pequeño de Maia. Fueron a esperar en un callejón, hasta que pasó una patrulla de guardias. Uno de los soldados parecía mujer, y Maia hizo nuevamente todo lo que pudo para capturarla en silencio. Era la primera vez que tenia que hacer agua-control en una situación de riesgo real, y controlar el golpe para no lastimar a su enemigo era mas de lo que podía hacer. La secuestradora quedo inconsciente, aunque Maia le curó sus heridas antes de tomar prestada su ropa y armadura. Una vez disfrazados, era momento de tomar control.

- Deberíamos buscar a Zio. Vi que lo capturaron al tratar de entrar. –
- Puede ser, pero no sabemos en donde está… es probable que lo lleven junto con los otros Qiu-he secuestrados asi que deberíamos buscar un lugar grande donde se pueda guardar mucha gente. –

Maia asintió sin cuestionar. No podía pensar mucho en ese momento. Tsuna era maestro fuego, y un Qiu-he además. debía tener experiencia en estos temas.

Al otro lado del asentamiento, Zio entraba en su celda.

Maia y Tsuna caminaron por un rato, evitando ser vistos hasta que divisaron a Zio. Al acercarse, lograron captar su atención mientras éste saltaba de techo en techo, escapando con facilidad de un grupo de secuestradores que lo perseguía, y de un incesante hostigamiento por parte de los arqueros del muro. Zio había descubierto que los rehenes probablemente estaban en la torre central, y quería que Maia y Tsuna aprovecharan una distracción para intentar entrar.  Inmediatamente se perdió entre los callejones y los dejó para ir hacia el sur. Mientras tanto, una gran conmocion se generó, al correrse la voz de que la Nacion del Fuego invadiria el pueblo por la puerta norte. Estando casi en el centro, Maia y Tsuna no supieron muy bien que hacer en caso de que les ordanaran presentarse. Pero por fortuna, eso no ocurrió. Al ver una de las casas incendiarse de repente, supieron que debia ser Zio, y por lo tanto aprovecharon el panico que se generó para poder acercarse a la torre central.


La experiencia fue impactante. Maia nunca había visto en persona a un maestro fuego en combate. A pesar de que Tsuna le pareciera ser mas tranquilo normalmente, se mostró cruel y despiadado al atacar a los guardias de la entrada. Uno de ellos en particular no tenia ningún deseo de rendirse, y seguía levantándose a pesar de los ataques de Tsuna, que cada vez aumentaban en intensidad. Maia no sabía que hacer, la cortina de humo de Tsuna le bloqueaba la visión y no quería ponerse entre un maestro fuego y su víctima. Pero aunque éste fuese un enemigo no merecía aquellas heridas. Trató de inmovilizarlo pero no tenia suficiente agua, de modo que optó por hacerle una máscara de hielo. No sabía que sentiría el guardia mientras se quedaba sin aire respirable, pero al menos viviría. Cuando por fin lograron entrar, la percepción de Maia por los maestros fuego había cobrado todos los matices que le inculcaron los cuentos de su tribu. Soldados despiadados que queman y destruyen lo que se interpone en su camino. El pobre guardia tenia varias quemaduras en sus brazos y en el cuerpo, pero no podía quedarse a curarlo; tenían una misión.


Ya adentro de la torre, no pasó mucho tiempo hasta que apareció Zio. Cerraron la puerta detrás de ellos, con lo que pudieron relajarse por el momento. Era una puerta metálica de modo que los maestros tierra enemigos no podrían abrirla. Adentro los estaba esperando Ling. Maia no tuvo tiempo de preguntarse como habia llegado Ling ahí, pues perdio su compostura al ver que entre ellos y Ling habian al menos 15 soldados enemigos. Todos inconcientes. Sin tiempo que perder, el grupo decidió subir por la torre y buscar a los rehenes.

La torre estaba vacía por dentro.

Solo tenia una  largo camino de escaleras que se perdía varios pisos mas arriba. La escalera solo daba a una habitación, detrás de un pasillo largo y angosto. Al intentar pasar, Maia se percató de largos pero superficiales cortes en sus manos y descubrió que el pasillo tenia algún tipo de trampa. Sin poder hacer nada para Zio y Tsuna que ya habían comenzado a pasar, ella y Ling decidieron rodear el pasillo por fuera de la torre. Todavía era de noche, y aunque los vieran, estaban lo suficientemente altos para que no los alcanzaran. Y eso no era necesariamente bueno. Lograron pasar después de un corto pero eterno avance por la pared externa de la torre. En la siguiente habitación les esperaba todavía otro desafîo…

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