Ya llevo dos días en el mar. No hay mucho que hacer aquí mas que hablar con los otros voluntarios o mirar el océano, pero esto ultimo me pone muy nerviosa. Además, no quiero encontrarme con nadie que me reconozca. Moriría de vergüenza si me preguntan que hace la hija mas joven del consejero Fujino en rumbo al Reino Tierra.
De modo que no me queda de otra mas que quedarme en la habitación compartida -grandes cuartos con postes de donde cuelgan hamacas- revisando mis cosas. No pude traerme mucho, tan solo unas mudas de ropa y algunos recuerdos... lo mas importante lo llevo en mi corazón…
(y en mi diario! ...comienzo a extrañarlo. Tal vez no debí dejarlo... )
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