9/1/00

Un dia mas


Abrió los ojos lentamente. Todavía esperaba, con una fracción de su mente encontrarse en una habitación de blancas paredes, decoradas con pieles y cortinas. Pero lo primero que la recibió al despertar fue un vaivén tristemente familiar y el leve columpiar de una lámpara de vela, colgada en la pared al otro lado de la habitación. Su cama de madera crujió mientras se incorporaba. Unos sonidos tenues de respiración le indicaban que sus compañeros de cuarto no habían despertado todavía.

Se cambió lentamente, concentrándose en cada prenda. No podía sino contemplar el arrugado estado de su propia ropa, estado que nunca antes se le había permitido tener. Salió al pasillo, recorriendo la embarcación y saludando al personal de abordo. A esta hora no había muchos pasajeros paseando por la nave, algo que ella agradecía. Casi por inercia, se dejó llevar hasta el pasillo que llevaba al puente. Allí estaba, como siempre, el hombre de rostro severo y mirada penetrante. No la saludó, pues apenas la conocía, pero este hecho era quizás lo que a ella mas le inspiraba confianza. La chica lo saluda. Él le responde. La conversación es corta, pero ella esta satisfecha. Es el suficiente contacto humano que necesitaba para mantenerse tranquila.

Comienza a amanecer y el mar se ilumina mostrando su vastedad. La chica siente miedo, algo incomprensible para ella pero que no puede evitar. Se retira al interior del barco. Después de comer, desciende a los compartimientos de carga para ver a su preciado animal de montura, otro vestigio del hogar que dejo atrás. Comer, pasear, incómodos encuentros con extraños que son ahora demasiado familiares. Un día mas transcurre imponiendo la monotonía del viaje. Cae la noche. La chica se prepara para dormir.

Sus compañeros de cuarto aún no han regresado. Busca entre sus cosas hasta sentir una textura familiar entre sus dedos. Saca un pequeño libro de hojas vacías, lo contempla, lo estudia. Saborea cada emoción que evoca este objeto. Pero finalmente se rinde. Como el día anterior y el día anterior a ese, no encuentra nada en su día que merezca recordar, nada que valga la pena poner en palabras. Su piel añora la fría temperatura de las noches en casa. Se deja caer en la cama de madera. Todo su cuerpo siente como lentamente se aleja de su hogar. Cierra sus ojos en busca de sueño, tal vez mas por aburrimiento que por cansancio. Hoy Maia tampoco escribió en su diario.

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