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- Un reencuentro de Té y fatiga-


-¡Maia!

La maestra agua levanta la vista de unas páginas de pergamino sobre su regazo para ver al chico que había entrado al cuarto. Sonríe al ver el rostro familiar de Kyo, apartando los pergaminos para poder levantarse.

-Kyo, no sabes cuánto me alegra verte... disculpa mi apariencia, estoy exhausta.-

-Nah, no te preocupes por eso. Verte desarreglada es un privilegio del cual me enorgullezco.- Sonríe con picardía.

Ella sonríe tímidamente, antes de suspirar aliviada. Se acerca a Kyo lentamente, tomando un pliego de su uniforme con una mano mientras reposa su cabeza en su hombro.

Kyo la toma suavemente de los brazos mientras pregunta.-¿Estás bien? Vi que se llevaron a Zio y al Mayor Edward al hospital cuando llegaron...-

 - Sí, estoy bien...- Maia levanta la vista, viendo la expresión preocupada del joven. - No me pasó nada.- Le asegura.

El chico se relaja. Le hace un gesto a Maia para sentarse nuevamente en el área de espera, sentándose junto a ella.

-Todavía me cuesta creer que regresaran en ese estado. ¿Qué les pasó?

-Era una misión de captura. Todos los objetivos habían sido peligrosos, pero esta vez... esta vez...-

-Tranquila, no tienes que forzarte.-

-Estoy bien... Solo estoy cansada...- Maia suspira profundamente.- Tengo entendido que todo iba bien hasta que encontraron al objetivo. Es un maestro tierra. Le dicen El Príncipe de los Areneros. Él mantenía la ciudad del desierto sólo con su control de la arena. Así de fuerte es. Pero hay algo más sobre él. Tiene... un espíritu de alguna clase, muy fuerte... una pesadilla que lo posee cuando está inconsciente. Lìng me dijo que él nunca dormía por esa razón. No sé si su fuerza como maestro tierra es propia o proviene de aquel espíritu. Pero es capaz de cosas horribles.

-Debe ser un monstruo para poder luchar contra todos ustedes y el Mayor Edward al mismo tiempo.

-No estaba solo. Lo ayudaban dos personas, muy fuertes también. No pude ver la mayor parte, pero si vi sus heridas. Los envenenaron con cuchillas y agujas enormes, nunca había visto tal cosa. La profundidad y ubicación de cada herida... No fueron hechas por alguien defendiéndose, ¡realmente trataban de matarlos! Sé que nuestras misiones han sido peligrosas, pero nunca... nunca había alguien estado tan cerca de... tan cerca de...- Maia siente un nudo en la garganta y se detiene, suprimiendo un sollozo. Se lleva una mano al rostro al tiempo que se le humedecen los ojos. 

Kyo permanece en silencio, cubriendo las manos de Maia con la suya. La maestra agua tarda unos minutos en calmarse, respirando hondo antes de continuar.

-Yo... No pude ayudar en la pelea. Me quedé atrás en el dirigible, atendiendo cada herida nueva que recibían. Mientras veía que la pelea seguía y seguía... ¡me sentí tan inútil! Tan solo una espectadora mientras los demás arriesgaban sus vidas...

-No digas eso... Gracias a ti regresaron a salvo, eso es lo importante. ¿Qué hubiera pasado si te herían a ti durante la pelea? No creo que haya sido fácil cuidarlos a todos durante tres días. Estoy seguro de que ellos te lo agradecen mucho.

-Sé que es un trabajo importante... siempre me lo han dicho, el trabajo de una sanadora es importante... pero si tan solo pudiera ayudarlos más...

-Maia, ya la misión terminó. Todos regresaron a salvo... Tienes que descansar.

-¿Cómo puedo descansar mientras que Zio y Lìng están todavía en el cuarto de operaciones?

-No hay nada que puedas hacer por ellos ahora. Debes confiar en las sanadoras del hospital, ya verás que Zio saldrá como nuevo.- Kyo se levanta, extendiéndole la mano a Maia. - Vamos afuera, ¿te gustaría una taza de té? yo invito.

Maia refunfuña un poco antes de tomar su mano, ayudándose para levantarse. Recoge sus pergaminos y sigue a Kyo hasta un pequeño establecimiento cercano. Ocupan una mesa cerca de la ventana y esperan unos minutos por un par de tazas de té. Maia toma el té lentamente, con la mirada perdida en el cielo de Ba Sing Se. Al poco tiempo se percata del rostro intranquilo de Kyo.

-Estoy bien, Kyo. En verdad.

-No puedo evitarlo. Estás igual que aquella vez en la enfermería.

-Solo estoy algo cansada… no es nada.

-¿Segura?

-No es nada. Disculpa haberte preocupado. ¿Qué has hecho estos días?
El joven suspira con resignación y relaja un poco su postura antes de responder.

-Lo mismo de siempre. Esta vez ayudamos con las rondas del muro. En tres días recorrimos desde la puerta Este hasta la puerta Sur. No creo que realmente necesiten nuestra ayuda, tal vez sea más sobre demostrar que estamos ahí para la gente, en lugar de todos metidos en la sede. Después de todo, somos un símbolo de la paz entre naciones.- Kyo ve que Maia está conteniendo una sonrisa y sonríe un poco avergonzado. -¿Qué ocurre, he dicho una tontería?

-No, para nada. Solo no me esperaba ese tipo de reflexiones hablando contigo.

-¡Oye! Eso no es justo. Que sea un lobo guerrero no significa que no medite sobre cosas importantes también.

-Lo sé, lo sé. Es que no recuerdo haber hablado contigo así antes.

-Eso es porque no pasamos mucho tiempo juntos, pero te aseguro que puedo mantener una conversación interesante. Si tan solo hubiera una manera de pasar más tiempo contigo…-Kyo voltea hacia un lado de forma juguetona mientras continúa viendo a Maia de reojo. Ella responde con una expresión de exasperación.

-Creo que más bien te falta tiempo para meditar.

-Vamos, no digas eso. Con esa última ronda ya he meditado suficiente. A veces incluso estábamos tan aburridos que contábamos cuantas carretas de coles pasaban por la puerta. No me iría mal algo de acción.

-Pues yo no me quejaría. Incluso si me tuviera que quedar sentada todo el día. Odio tener que ver a los demás resultar heridos mientras lo único que puedo hacer es esperar a que regresen. Me hace sentir completamente inútil.

-No deberías menospreciar ser la sanadora del grupo. Cuando mi hermano y yo salíamos a cazar en casa, podíamos sentirnos tranquilos de que Khamik nos seguía para curar cualquier herida que recibiéramos. Nos daba confianza para enfrentarnos a situaciones que serían muy riesgosas de otra manera. Y créeme, ella no es de las que se conforman con mirar, pero esa era su tarea y la hacía con orgullo. Mi hermano también podía hacerlo, pero él es un torpe y no se le da bien la curación, ja ja ja.

Maia se ríe también, un poco más relajada que antes.-No me has contado sobre tus viajes de caza. ¿Siempre ibas con tu hermano?

-Casi siempre. Hubo una vez que no quiso salir de casa porque no encontraba su bota de agua. Ese día solo debíamos buscar unos huesos de foca-tortuga para hacer botones, de modo que solo fuimos Khamik y yo. No encontramos los huesos, pero ella se tropezó con un agujero en el hielo y se lastimó la pierna. Dijo que no se podía concentrar para curarse así que la tuve que cargar de regreso a mi casa. Allí la curó mi hermano, pero creo que eso no le hizo mucha gracia a ella, ja ja ja.

-Suena como que la pasaban bien antes de venir a la organización. Comparada contigo, no tengo cuentos interesantes que contar de cuando estaba en casa.

-Estoy seguro de que sí. Además, cualquier cuento tuyo me parece interesante.

Maia piensa un poco antes de responder con una sonrisa.- Mmm, tal vez para otra ocasión.-

-Está bien, ¿significa que vas a aceptar mi petición?

-Kyo...- Maia responde en un tono cansado.- ¿no viste lo que le pasó a los demás? Nuestras misiones son muy riesgosas, no quiero que te veas involucrado en ellas.

-Creo que me subestimas, yo soy muy capaz de cuidarme solo.

-¿Más que Zio?- Maia ve la reacción de molestia en la cara de Kyo.- No se trata de capacidad, sé que eres fuerte. Pero pueden pasar cosas inesperadas. Si algo te pasa… no me lo perdonaría…

-¡Pero así es la vida de un lobo-guerrero! No podemos quedarnos quietos huyéndole al peligro, ¿es que los del Norte son así?

-¿Cómo voy a saberlo? Lo más cercano a uno que conocí fue mi instructor de reno-yak, y estaba retirado. No me importan los lobos del norte.- Maia se lleva una mano al pecho, señalándose.- Nosotros no somos guerreros ni pretendemos serlo. Mi única prioridad es ayudar a mis amigos para que regresen con vida…-

-Yo puedo ser tu amigo y tu suboficial al mismo tiempo, ¿sabes? Je je… Eh… disculpa. Pero, hablando en serio, ¿Cómo crees que me siento cuando los veo volver tan golpeados? Tú también eres importante para mí, y me siento igual de inútil o incluso peor, solo esperando…

-¿Prefieres estar ahí si algo me ocurre?- Se cubre la frente con una mano cuando ve la reacción que su pregunta causó en Kyo.- Lo siento, no quiero seguir hablando de esto.- Comienza a levantarse de la mesa.- Si depende de mi decisión, incluso si fueras mi subordinado te ordenaría que te mantuvieras aquí.

Kyo se levanta para alcanzar a Maia mientras caminaba hacia la entrada del local.- Pues tendré que sobrepasarte en rango entonces.

Maia se detiene afuera del local, volteando a ver a Kyo -¿Y luego qué? ¿Seré yo tu subordinada?

-Así es. Y tendrás que quedarte haciendo misiones aburridas conmigo.

-Mmm… Eso no suena tan mal…-

Maia comienza a dirigirse lentamente de vuelta hacia el hospital. Kyo se queda en la entrada del local, viendo alejarse a la chica, con una sonrisa de determinación en el rostro.


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