-¿Que cual
era el plan?
El joven
maestro tierra reprime una respuesta brusca bajo la mirada preocupada de su
hermano. Evalúa el rostro honesto de la maestra agua que atendía sus heridas,
antes de suspirar lentamente y continuar.
-
Seguramente ya sabes... la primera parte no nos dio problemas. Logramos entrar
a la ciudad bajo las arenas disfrazados de bandidos. La extracción fue lo que
casi nos mata.
Pausó por
un momento, para voltear a ver la camilla a su lado. Una mezcla de ira y culpa
atraviesa su rostro al ver el cuerpo inconsciente que allí yacía. Su hermano
menor continuó el relato.
- El plan
era sencillo pero riesgoso. Nos aceptaron en la ciudad gracias al contacto de
la señorita Líng, y aun así nos recibieron con cautela. Nos atendió una
sacerdotisa en lugar de un criado común, tal vez debimos percatarnos de eso
desde el comienzo.
-
Dependíamos demasiado de una sola persona, Al. ¡Necesitábamos más información
para este tipo de misión!
- No sirve
de nada quejarse ahora, hermano.- El chico se acercó para hablar más bajo - El
mismo príncipe de los areneros presenció una demostración de nuestras
habilidades, de modo que creímos que nos tenía confianza. Todo ocurrió esa
misma noche. Yo encontré su habitación, y Roland llegó poco después. Teníamos pensado
esperar a los demás pero nos descubrieron y debíamos actuar. Roland usó un
dardo somnífero en el objetivo. Pensamos que todo sería más fácil desde ahí.
- Pero no
lo fue.- Interrumpió su hermano- Esa
endemoniada bestia de arena despertó cuando durmieron al chico. El palacio se
derrumbó por completo, todo el mundo huía. Y en lugar de reagruparnos, Zio
decidió atacar esa cosa por su cuenta.
- Pero
logró que el demonio de arena desapareciera, hermano.
- ¡Junto
con toda la ciudad!
- No
podíamos saber que toda la ciudad estaba siendo mantenida por una sola persona.
Cuando logramos salir a la superficie tuvimos que enfrentarnos nosotros al
príncipe. Los demás estaban ocupados con sus guardaespaldas: una maestra aire que lanzaba dagas y
un titiritero que usaba veneno.-
El maestro
tierra se volteó a ver la camilla de al lado por un momento.
- Creo que
puedes adivinar quién peleó contra quién. - El hermano herido se incorporó
ligeramente.- Honestamente, si no hubieras llegado, el veneno lo habría matado
antes de poder capturar al arenero.
-Sobre
eso, hemano, he estado pensando... ¿Realmente está bien que no hayamos
capturado tambien a los guardaespaldas? ¿no vendrán a buscar a su
príncipe?
- La
llegada del dirigible fue muy oportuna. Apenas llegó, Zio atrapó al objetivo
con una red para subirlo y alejarlo de la ciudad. O lo que quedaba de ella. El
príncipe se escapó y saltó del dirigible. Zio lo siguió. Ed se llevó una pieza
de metal del dirigible antes de saltar también. Mientras el príncipe Gaara estaba distraído
atacando a Zio, mi hermano lo encerró en metal. Por poco también queda atrapado
en su ataque de arena -
Sin quererlo, ambos hermanos voltearon a ver al paciente cerca suyo. Un silencio sombrío permitió oir su respiración agitada.
Hizo una pausa, volteando nuevamente a la camilla de al
lado - Él... ¿estará bien?
No lo sé.- La
maestra agua habla con una voz callada y pesada.- Su brazo está en muy mal
estado. Nunca había visto algo así. Por suerte mi hermana me ayudó a
estabilizarlo; su... vida... no corre peligro...- La joven no completa la frase, temiendo
pronunciar lo que estaba pensando.
-
¡Demonios!- Exclama el maestro tierra herido.- Si a él le dan de baja mientras
que yo regreso sano, van a pensar que soy un cobarde.
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